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sábado, 25 de septiembre de 2021

Deleitarse en Dios - La importancia del precepto (2)

Un tratado sobre el deleite en Dios

John Howe

Traducción y adaptación: Guillermo de la Cruz

Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.
Salmos 37:4

PARTE I (Continuación)

MOSTRANDO LA IMPORTANCIA DE ESTE PRECEPTO

Nuestro discurso sobre este tema se dividirá, de manera natural, en dos partes. La primera relativa a la importancia, y la última a la práctica del deleite en Dios, ordenado en el mandamiento. 

Para explorar más nítidamente la importancia y el significado del deleite en Dios, será necesario que atendamos; 1) el objeto deleitoso y 2) el deleite en dicho objeto.

1. En cuanto a lo primero, lo que en general es objeto de deseo es algún bien. Aquí se trata del bien principal y mejor, la excelencia más elevada y perfecta, cuya bondad y excelencia, consideradas como residiendo en Dios, nos da una doble noción o perspectiva del objeto sobre el cual este deleite puede ejercerse:

1) Desde una perspectiva absoluta, Dios puede ser considerado en si mismo como el mejor y más excelente Ser en quién el ojo inteligente encuentra la concurrencia de todas las perfecciones, las más agradables y bellas excelencias, de las que pueda tener alguna apreciación. 

2) Desde una perspectiva relativa, su bondad y excelencia pueden ser consideradas no sólo como son en si mismas, sino también como teniendo efecto sobre sus criaturas. Porque, considerándolo como el Ser más excelente en sí mismo; si damos aquí libertad a nuestros pensamientos para ejercitarse, pronto hallaremos que el debe ser también necesariamente considerado el primer bien; el bien original y autor de todo otro bien; de otra forma, no sería el bien más excelente.

Además de la relación general que el guarda con todo, como su común Hacedor, Sustentador, y Organizador; observando que hay algunos, que por su naturaleza racional, tienen la capacidad de ser gobernados por él (en el sentido propio, por una ley) y de ser bendecidos en él, con respecto a estos, lo consideramos como sosteniendo una doble relación, de acuerdo a la cual hemos de verlo y actuar hacia él, tanto como el Señor a obedecer y como la porción a disfrutar, y hemos de advertir en él las más excelentes delicias, (lo que requiere que nos comportemos de manera acorde a ellas). Respecto a cada una de estas consideraciones hemos de mirarlo a él; 1) Como el Señor más excelente, más exquisitamente excelente; quien no podemos considerar sino como digno de todo posible honor y gloria; ante quién toda rodilla se doblará y a quien toda lengua confesará, y a quién le será dado homenaje, sujeción y adoración universal por siempre; 2) Como la porción más excelente, en quien todas las cosas que pueden conducir a ello concurren y se encuentran, toda la riqueza y plenitud deseable e imaginable, junto con amplia generosidad y fluida bondad, correspondiente en todos los sentidos a las ansias y deseos de almas indigentes y sedientas, La primera de estas nociones señala nuestra obligación y deber hacia él, la segunda provoca una expectación de beneficio proveniente de él.

Pero ahora, a causa de que por la apostasía hemos lesionado su derecho sobre nosotros como Señor, renunciado a nuestro propio derecho en él como nuestra porción, y perdido nuestra capacidad o disposición inmediata tanto de servirle, como de disfrutar de él, esta gran brecha entre él y nosotros no puede ser superada sino a través de un mediador, para cuyo oficio y empresa su propio Hijo encarnado, la Palabra hecha carne (siendo el único que encajaba), fue designado. Por él, interviniendo entre las dos partes distanciadas, satisfaciendo la justicia de Dios, y subsanando la enemistad del hombre, la distancia (en la medida en que la eficacia de su mediación se extiende) es superada; y, para los reconciliados, Dios vuelve a ser reconocido como Señor y porción. Su derecho es vindicado, el de ellos es restaurado; y ambos son establecidos sobre nuevos fundamentos, agregados a aquellos sobre los que se sostenían anteriormente, de manera que ahora nuestros actos hacia Dios, y nuestras expectativas respecto a él deben ser a través del Mediador. De aquí en más, este objeto de deleite nuestro, considerado desde el punto de vista relativo, con respecto a nosotros, es enteramente Dios en Cristo, siendo reconciliado. Nos gozamos en Dios a través de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la redención.  

viernes, 17 de septiembre de 2021

Un tratado sobre el deleite en Dios - John Howe (1)

Un tratado sobre el deleite en Dios

John Howe

Traducción y adaptación: Guillermo de la Cruz

Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.
Salmos 37:4
 

PARTE I

MOSTRANDO LA IMPORTANCIA DE ESTE PRECEPTO

Capítulo I. 

Significado y aplicación del texto. El Objeto en el cual deleitarse. Acceso a Dios por un mediador. Dios considerado en su Revelación a nosotros, como nuestro Salvador y porción. La suficiencia de esta porción: su comunicabilidad. Deseos del alma no regenerada. Deseos del alma renovada. Naturaleza de la Comunicación con referencia al Mediador. Revelación de Dios al alma. Efectos de su revelación sobre el alma.

Este Salmo, por su contenido, parece dar por supuesto un estado de aflicción de los hombres buenos, por la opresión de los malvados, la prosperidad de esos malvados en su curso opresivo, una tendencia en los oprimidos a impacientarse bajo la maldad que sufren, y una disposición a contemplar con ojo persistente y envidioso las cosas buenas que sus opresor disfrutan y ellos mismos quieren. Por tanto, la exposición presenta una conveniente consideración de estas cuestiones, que resulta útil para el fortalecimiento de los justo contra el pecado y problema al que tal estado de cosas les puede conducir.

El versículo citado destaca especialmente en este sentido, en el caso de hombres honrados sufriendo bajo la opresión de los violentos y malvados, que pueden en ese momento codiciar y envidiar el deleite mundano de sus enemigos, estar deseosos de sus manjares, y quejarse de que deberían ser suyos, saben que aquellos merecen cosas peores, pero en cambio son ellos mismos quienes sufren lo peor, que saben no merecen. 

Lo que aquí se ofrece a la consideración de los sufrientes tiende a calmar adecuadamente su descontento, controlar y refrenar su deseo desordenado hacia las cosas inferiores, o canalizarlo y dirigirlo hacia otro lado. Es como si dijera; "no tiene sentido que mires con displacer o deseo desmesurado sus delicias; tu puedes tener mejores; manjares mejores te pertenecen, y te invitan. El Señor mismo es tu porción. Tanto tu estado como tu espíritu consiste en dedicarte a un santo deleite en él, dejen que sus almas se suelten y pónganlas en libertad para saciarse con esos placeres puros y satisfactorios a los cuales tienen derecho, y en los cuales hallarán abundantemente compensados la perdida y el deseo de sus deleites más mezquinos. Tu tienes deseos y  anhelos naturales, igual que otros hombres, y estos pueden ser demasiado propensos a exceder sus limites y medida justos. Pero si sigues el curso indicado, pronto se volverán sobrios y moderados, satisfechos con lo que es apto, incluso con una concesión indiferente hacia las cosas buenas de esta tierra. En cuanto a tus deseos por el Señor, déjalos ser tan bastos y amplios como sea posible, ellos nunca serán mayores de lo permitido ni de lo que su objeto puede satisfacer; su orientación y exigencia son, de hecho, proporcionales a la plenitud inmensa e ilimitada de tal objeto.

No debemos inquirir demasiado para saber a que tipo de persona va dirigido este mandamiento. Resulta claro que es el deber común de todos deleitarse en Dios. Pero no puede ser el deber inmediato de todos. Los hombres que no conocen a Dios, y son sus enemigos, tienen que hacer algo primero. Aquellos a quienes el precepto se aplica primeramente son los regenerados, (los rectos y justos, como el salmo mismo los designa expresamente), su propia gente.

La manera más provechosa de considerar estas palabras, será, en primer lugar, insistir en el mandamiento dado en la primera parte del versículo y luego mostrar, hacia el final, como aquello  prometido en la última parte tendrá lugar, no sólo en virtud de la promesa, sino incluso naturalmente, 

El mandamiento, en la primera parte, nos da un claro sentido de lo que constituye el placer de Dios; ser él mismo el más grande objeto de deleite de los suyos. Es su voluntad que ellos se deleiten principalmente en él.

domingo, 8 de abril de 2012

¿Por qué no se manifiesta Dios de manera más obvia? (II)

Autor: Tom Price, tutor académico en el Centro Oxford de Apologética Cristiana y miembro del equipo de oradores del Ministerio Ravi Zacharias Internacional en Europa. Original (inglés) disponible en línea en http://www.rzim.org. Traducción y adaptación al español: Salí de la pecera.

Primera parte
.

Es conocida la broma del ateo Bertrand Russell respecto a que si al morir se encontrara frente a Dios, le exigiría una explicación sobre el porque hizo tan insuficientes las pruebas de su existencia. Podríamos vernos tentados a pensar que estaba siendo completamente racional. Pero quizás la evidencia que demandamos de Dios está directamente relacionada con quien pensamos que Dios es y con cuales pensamos que son los propósitos de Dios. El ocultamiento podría no tener sentido, si el objetivo de Dios fuera simplemente relacionarse con nosotros como un objeto de conocimiento que no ofrece una conexión relacional real o amistad. Si este fuera el propósito divino- que nosotros pudiéramos simplemente reconocer la existencia de Dios- entonces yo simpatizaría con la demanda de Russell por más evidencia.

Pero supongamos que Dios no estuviera dispuesto a efectuar un acercamiento a la vida humana simplemente a través del intelecto. En cambio, imagine que Dios esta buscando una relación que este basada sobre una comprensión o percepción personal íntima y más profunda. ¿Te has preguntado alguna vez que tipo de relación quisiera tener Dios contigo?

Por otra parte, Dios ha sido de verdad revelado expresamente en la realidad de un plan y acción de redención. El evangelio es descripto como un misterio que ahora se nos ha dado a conocer. Muchos cristianos pueden recordar momentos, o inclusos temporadas de años, en que Dios ha estado trabajando en forma clara y manifiesta y la vida ha sido colmada con la presencia y gracia del Padre, Hijo y Espíritu Santo. La nuestra no es una fe ciega, sino una que responde a la evidencia. Esta basada en eventos reales que pueden ser investigados. La oferta nunca fue un salto en la oscuridad, sino que se trata de caminar en la luz.

¿No se tratará entonces de que la evidencia que demandamos es quizás consecuencia de nuestras ideas respecto a quien es Dios y cuales son sus propósitos? Si Dios te ama y quiere que elijas libremente corresponder ese amor, ¿no podría entonces ser suficiente con enviar a su Hijo para captar tu atención?


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jueves, 5 de abril de 2012

¿Por qué no se manifiesta Dios de manera más obvia? (I)

Autor: Tom Price, tutor académico en el Centro Oxford de Apologética Cristiana y miembro del equipo de oradores del Ministerio Ravi Zacharias Internacional en Europa. Original (inglés) disponible en línea en http://www.rzim.org. Traducción y adaptación al español: Salí de la pecera.

¿Por qué es que Dios no parece acercarse a nosotros de una forma más obvia? Con frecuencia se ha respondido que la existencia de Dios no es un asunto de hechos o evidencias. ¿No es más bien una cuestión de fe? ¿No es más un salto en la oscuridad que una evaluación de evidencia?

Estaría de acuerdo con que Dios no es “forzosamente obvio”, pero no creo que esto confine a la cuestión de Dios a ser una especie de “tómalo o déjalo” de la fe. Pienso que tiene más sentido ver a Dios como claramente visible, aunque no forzosamente obvio.

Sabía que la Biblia reconoce en realidad la validez del interrogante que estamos planteando? Primero, vemos pasajes que afirman que Dios parece encubierto a la percepción humana. En Job 23.8-9 leemos, “Si me dirijo hacia el este, no está allí; si me encamino al oeste, no lo encuentro. Si está ocupado en el norte, no lo veo; si se vuelve al sur, no alcanzo a percibirlo.”

Curiosamente, hay también varios ejemplos de Dios apareciendo como si estuviera velado en la oscuridad, aunque también simultaneamente ofreciendo su presencia. “El pueblo se mantuvo lejos, mientras Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios”. Jesús, también, invito a las personas a creer en él, y después los dejó y se oculto de ellos. En Juan encontramos la historia de un hombre paralítico que es sanado, pero luego Jesús se escabulle entre la multitud. Lucas recuerda que a medida que las noticias acerca de Jesús se propagaban, “él con frecuencia se apartaba a lugares desiertos.” Más adelante, Jesús dijo a sus discípulos que. “Un poco más de tiempo y el mundo no me verá más, pero vosotros me vereís”. Es interesante ver que, en muchos de estos casos, Dios provee un claro vislumbre de su realidad, mientras al mismo tiempo encubre la plenitud de su presencia.

Una parte ineludible, entonces, de la respuesta bíblica a porque Dios parece oculto, podría ser tal vez que porque de hecho él está oculto. Pero ¿Porqué? ¿Y que de esos tiempos cuando necesitamos un Dios más presente, que pudiera ofrecernos una esperanza real en tiempos de sufrimiento?

Bien, cuando Jesús evitó la multitud, ocultó su identidad exactamente hasta el momento preciso en que fue tiempo de revelarla explícitamente. Fue una sabia decisión visto que una manifestación más obvia o explícita condujo con bastante rapidez, como resultado, a una exitosa campaña para ejecutarlo.

Por otra parte, algunas cosas son claras, incluso obvias, aunque no lo sean de manera ineludible. Y es fundamental tener en cuenta, que no hay razón para que percibir o ver algo de esta naturaleza no requiera de algún tipo de aprendizaje. Podría decir, por ejemplo, que es obvio, pero no de manera ineludible, que para volar internacionalmente necesitas tu pasaporte. Ahora bien, considere con atención que usted necesita aprender esta sencilla información. No es en absoluto una ineludiblemente obvia pared de ladrillo que uno no tenga forma de saltear, sino que quizás podría llegar a darse el caso de error en lo obvio, en que usted llegara al aeropuerto con sus maletas empacadas pero sin su pasaporte. Es en este segundo sentido (de no forzosamente obvio o inevitable claridad) que la cuestión respecto a Dios puede ser encarado con confianza.

Pero, se ha argumentado, ¿puede esta idea del Dios simplemente oculto proveer una fórmula inteligente para que los cristianos se aferren a Él en esta era científica y caracterizada por la demanda de evidencias? Sin embargo, los cristianos no aducen que Dios no se muestra a si mismo, sino que Dios elige la forma de su manifestación. Y el ocultamiento de Dios bien podría ser necesario para atraer la atención a la forma en que Dios declara su existencia a través de Jesucristo. En efecto, el ocultamiento divino crea la posibilidad de una más obvia manifestación o descubrimiento.

Segunda parte.


Palabras claves: El Dios invisible, Biblia. Invisibilidad de Dios.Invisible, Biblia. Invisibilidad, realidad. Por que no vemos a Dios. Por que no podemos ver a Dios. Porque Dios no se manifiesta. Porque Dios no se deja ver. Porque Dios no hace milagros.

jueves, 22 de marzo de 2012

Ravi Zacharias en español. Hambre espiritual II

The Hungering Spirit, por Ravi Zacharias. Traducción y adaptación: Salí de la pecera.

Parte I

La gente que sufre puede que busque alivio y explicaciones. La gente frustrada en cuanto a consecución de placer busca propósito. Pero aquí es donde, creo yo, occidente ha perdido el rumbo. En lo tedioso de nuestra situación, podemos buscar un escape a través de lo extraño o lo desviado, mientras Dios se ha revelado a si mismo en al persona de Jesucristo.

Sólo en la cosmovisión Judeo-Cristiana cada persona es entendida como creada a imagen de Dios, porque Dios mismo es una persona. Así mismo, cada persona establece prioridades en sus relaciones que son implícitamente construidas, no por la naturaleza, sino por el diseño de Dios. Consideremos la tragedia del terremoto y el Tsunami en Japón. Incluso en esta cultura estoica, donde la comunidad está por encima de todo lo demás, cada uno que lloró estaba lamentando la pérdida de sus propios seres queridos: No estaban lamentando solamente la pérdida total de vidas, sino también su pérdida personal. Esto es real. No es imaginario. Nos paramos frente a las tumbas específicas de aquellos a quienes amamos más frecuentemente que ante el cementerio en general.

Pero hay más. La condición de persona trasciende el mero ADN. Hay un valor inherente a cada persona. En el cristianismo, la esencia de todas y cada una de las personas y la realidad individual de cada vida es sagrada. Es sagrada porque el valor intrínseco nos ha sido dado por nuestro Creador, quien se ha autorrevelado en el cielo estrellado y sobre una cruz marcada con clavos.

A medida que reflexiono sobre mi propia vida e interactúo con otros, quedo fascinado de ver los designios que Dios tiene para cada uno en forma individual, si nosotros simplemente respondemos. Lo cierto es que he conocido gente que en la cumbre de su éxito ha vuelto a Dios y he conocido otros, sumergidos en dolor y abatimiento, que acuden a Dios por una respuesta. Cada extremo deja insistentes cuestionamientos. Sólo Dios sabe como responderemos a ellos.

Dios nos ha creado para su propósito, y dentro de su diseño se construyen relación y adoración. Sólo Dios puede tejer un modelo coherente de entre los dispares hilos de nuestras vidas. Quizás, si hoy usted se detuviera y reflexionara sobre esto, vería que Cristo está buscando a su espíritu insatisfecho.


Artículo original disponible en línea en http://www.rzim.org

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martes, 20 de marzo de 2012

Ravi Zacharias en español. Hambre espiritual I

The Hungering Spirit, por Ravi Zacharias. Traducción y adaptación: Salí de la pecera.

He considerado larga y arduamente la cuestión de porque la gente vuelve a Dios. Recuerdo una mujer proveniente de Rumania, contándome que había sido criada en un ámbito extremadamente ateo. En su casa no estaba permitido siquiera mencionar el nombre de Dios, por temor a que alguien lo oyera y les negaran el acceso al sistema educativo. Después que ella vino a los Estados Unidos, yo llegue a ser paciente suyo cuando me estaba recuperando de una cirugía en la espalda. Un día, cuando tuve el privilegio de orar con ella, dijo al tiempo que secaba sus lagrimas, “en lo profundo de mi corazón he creído siempre que había un Dios, yo solamente no sabía cono encontrarlo”.

Este sentimiento se repite muchas veces. Más recientemente, tuve el privilegio de reunirme con dos personas muy importantes en un país manifiestamente ateo. Luego de que terminé de orar, uno de ellos dijo: “nunca en mi vida oré, y nunca escuche a nadie más orar. Esta es la primera vez. Gracias por enseñarme a orar.” Resulta obvio que incluso apetitos espirituales que han sido suprimidos toda una vida quedan en evidencia ante una situación en la que existe un cumplimiento posible.

Aunque estoy de acuerdo con que el problema del dolor quizás sea uno de los mayores desafíos a la fe en Dios, me atrevo a sugerir que es el problema del placer el que con mayor frecuencia nos lleva a pensar en cosas espirituales. Sexualidad, lujuria, fama, y emociones momentáneas son en realidad las atracciones más precarias del mundo. El dolor nos obliga a aceptar nuestra finitud. Esto puede ocasionar cinismo, desanimo y fatiga por el sólo hecho de vivir. El dolor nos empuja en busca de un poder superior. Introspección, superstición, rituales y juramentos, pueden todos ellos venir como resultado del dolor. Pero la frustración en el placer es una cosa completamente diferente. Mientras el dolor puede con frecuencia ser visto como un medio hacia un fin superior, el placer es visto como un fin en si mismo. Y cuando el placer ha seguido de largo, puede crecer en el alma de uno un sentimiento de abatimiento que muchas veces puede conducir a la autodestrucción. El dolor puede con frecuencia ser temporario; pero la insatisfacción en el placer da lugar al sentimiento de vacío – no sólo por un momento, sino de por vida. Entonces puede no verse razón para la vida, ni un propósito predeterminado, si ni siquiera el placer trae una realización duradera.

Es por esto que creo que la amalgama de dolor y placer esta en la raíz del dilema humano y en el centro del hambre espiritual.

Parte II


Artículo original disponible en línea en http://www.rzim.org

Palabras claves: Ravi Zacharias, recursos. Ravi Zacharias, español. Hambre espiritual hombre. Hambre espiritual Dios. Espiritualidad cristiana. Cual es el sentido de la vida. Insatisfaccion personal. Insatisfaccion permanente. Proposito de la vida. Tiene sentido la vida. Tiene sentido mi vida. Tiene sentido vivir. Porque no le encontramos sentido a la vida. Vacio existencial. Siento un vacio dentro de mi. Siento un vacio en el corazon.

lunes, 12 de marzo de 2012

Ravi Zacharias en español - Sobre ser humano

Con la llegada de la clonación, el Proyecto Genoma Humano, y los avances en inteligencia artificial, la cuestión de lo que significa ser una persona se vuelve cada vez más urgente. Toda cuestión bioética requiere en última instancia una definición en cuanto a cual es la esencia humana como punto de referencia.

Consideremos la subasta de óvulos en Internet en la cual uno puede ofertar por los cromosomas de ocho modelos femeninos. La Web promotora describe esto como “la selección natural de Darwin en su máxima expresión”. Algunos de nosotros quizás reaccionemos con repulsión visceral, sin embrago el sitio genero cientos de miles de clicks a los pocos días de entrar en actividad.

El comentarista Brent Waters escribió:

“Aunque la subasta fue recibida en general con disgusto, es interesante notar que la objeción mas importante levantada contra esta fue que para los consumidores representaba un fraude. Los oferentes ganadores podían no obtener los niños atractivos que ellos habían imaginado. Como varios comentaristas explicaron, incluso si los óvulos fueran de lo ‘mejor’… no había garantías de bebes ‘perfectos’. Todo tipo de cosas podría ir mal, resultando en niños que no cumplieran las expectativas, ya que no podía preverse de antemano cada jugada genética.”

¡Asombroso! La decisión de tener un hijo es reducida al rendimiento económico de una subasta y a cuan suficientemente atractivo o no seria el bebe como para no ser una desilusión. ¿No implica nada más ser humano?

Piénselo de esta manera. Si una computadora pudiera ser programada tan exhaustivamente con las estrategias del ajedrez de modo que fuera capaz de vencer al campeón más brillante, ¿podríamos decir que esta computadora es mas humana que el mejor jugador de ajedrez del mundo? No es probable, porque hacer esto significaría reducir la inteligencia a eficiencia informática, memoria y componentes físicos.

En cambio, la condición humana, de acuerdo al entendimiento cristiano, no puede ser reducida a formulas o funciones. Efectivamente, nuestra identidad es sagrada por definición, por haber sido creados por Dios, para llevar la imagen de Dios. Hemos sido dotados con una naturaleza moral, con la capacidad de dar amor y discernir el bien. El valor de un niño, entonces, no reside en la belleza física o destreza mental, sino en el hecho de reflejar la belleza de su creador. Hay un valor trascendental en ser humano, arraigado en el mismísimo ser de Dios.

Cuando vadeamos los pantanosos caminos de la bioética, no debemos mirar el semblante o el coeficiente intelectual de un ser humano, sino la faz y mente de Dios. Solo entonces podemos realmente entender lo que significa ser humano.


Artículo original disponible en línea en http://www.rzim.org

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martes, 6 de marzo de 2012

Nuevas de ayer II

Autora: Jill Carattini, jefa de redacción de A Slice of Infinity en Ravi Zacharias International Ministries, Atlanta, Georgia. Traducción: Salí de la pecera. Artículo completo en linea (inglés) en http://www.rzim.org.

Parte I

José conocía lo suficiente acerca de las leyes naturales como para inferir en un primer momento la infidelidad de su prometida. Los dicípulos conocían lo suficiente sobre las leyes de la física como para estar completamente aterrados por el hombre andando sobre las aguas en dirección a su barca. La multitud de dolientes conocía lo suficiente con respecto a la muerte como para reirse de Jesús cuando insistió en que la chica estaba simplemente durmiendo, y para retirarse atónita cuando ella volvió a la vida.

¿Puede nuestra percepción de superioridad ser sostenida por la falsa esperanza de que nuestros pensamientos y progresos sean de alguna forma más inmunes al declive que los de otras generaciones? Todas las épocas que han pasado, todo el conocimeinto y trabajo de hombres y mujeres antes de nosotros, como ramas que se marchitan, todo se ha ido.

Como los tiempos mismos, siempre transcurriendo, nosotros también nos desvaneceremos junto a las muchas teorías que hemos descartado. En todo este marchitar, ¿habrá algo que sobreviva? Es una pregunta que cada persona, de cada época debe responder con los recursos históricos, científicos y filosóficos disponibles para ello, pasados y presentes.

Esta cuestión llevo también a C.S.Lewis a la conclusión de que todo lo que no es eterno es eternamente obsoleto. Tan pronto como se aproxima la época de vacaciones, oímos correr rumores de una vieja historia, aunque quizás transmitida con escepticismo o teñida de sentimentalismo.

La historia de Cristo todavía perdura por innumerables razones: porque hay algo asombroso e inesperado respecto a la idea de Dios naciendo cono un niño; porque hay algo verosímil en la idea de humanidad clamando por la muerte de un hombre cuyos caminos le asustan; porque la evidencia circunstancial apoya la posibilidad de que algo realmente haya sucedido después de que su cuerpo yaciera en la tumba; porque los apóstoles y otros continuaron dando testimonio de las cosas que vieron; y porque comunidades antiguas y modernas han sido transformadas desde entonces por el mismo Dios-hombre Jesús. En un mundo donde lo nuevo con frecuencia reemplaza a lo viejo sin un juicio justo, ¿podría ser que la historia de Cristo haya perdurado porque es verdad?


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domingo, 4 de marzo de 2012

Nuevas de ayer

Autora: Jill Carattini, jefa de redacción de A Slice of Infinity en Ravi Zacharias International Ministries, Atlanta, Georgia. Traducción: Salí de la pecera. Artículo completo en linea (inglés) en http://www.rzim.org.

C.S.Lewis acuñó la frase “esnobismo cronológico” para describir un fenómeno que es quizás, en alguna medida, común a todas las épocas, pero que el ha encontrado particularmente exaltado en su entorno por la mente moderna. Ser cronologicamente esnob es caminar con “la acrítica aceptación del clima intelectual común a nuestro propio tiempo”, mientras se carga con “la presunción de que lo que sea que halla quedado en el pasado está por tal motivo desacreditado”. Esta postura sostiene que nosotros, no sólo sabemos más, y más correctamente, sino que además, como consecuencia, los pensamientos y conocimientos de aquellos anteriores a nosotros no importan realmente. Como una tendencia cuya popularidad ha declinado ellos han sido simplemente calificados como “pasados de moda”.

Es esta actitud la que mueve a muchos a hacer mofa de la Biblia porque fue escrita por personas “pre-científicas” que no habrían tenido forma de acceder a la mente moderna. ¿Pero qué nos hace concluir que no somos nosotros, como las generaciones previas han sido, ciegos a nuestros propios defectos intelectuales, suceptibles a nuestras propias ilusiones características? ¿No es una jugada increíblemente arrogante pensar que somos en alguna manera diferentes? Es más, ¿qué nos hace concluir que un mejor conocimiento del ADN o del sistema reproductor humano nos hace más capaces de disernir el significado y propósito de la vida en si misma?

Parte 2

Entradas relacionas: "El gran avance de la ciencia": Parte I. Parte II. Parte III.



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sábado, 3 de marzo de 2012

Ravi Zacharias en español. El agonizante arte de pensar III

Pimera parte.

Segunda parte.


Cambiar la mente.


La iglesia como un todo, y el púlpito en particular, deben desafiar la mente de esta generación, de otra forma estaríamos traicionando nuestra propia confianza. Hoy día el joven promedio rinde su intelecto al mundo presuponiendo que el cristianismo está excento de esto. Muchos púlpitos han sucumbido a la mentira de que nada intelectual puede ser espiritual o exitante.

Afortunadamente hay excepciones. Cuando vivíamos en Inglaterra, nuestra familia asistía a una iglesia pastoreada por Roy Clements, uno de los mejores predicadores del mundo occidental. Cada domingo en dos servicios matutinos predicaba un sermón de una hora a un auditorio repleto.

Cambridge, estando plagada de escepticismo, requiere de una meticulosa defensa de cada sermón para ponerlo a salvo de los asaltos del liberalismo. Clements podía ocupar 15 minutos de su tiempo con una introducción de carácter técnico antes de entrar en el corazón de su mensaje.

Menciono esto para decir una cosa. Cuando estabamos viviendo en Cambridge, Nathan, que tenía 9 años, manifestó que las predicas de Roy Clements eran uno de sus recuerdos más afectuosos. Incluso como un niño pequeño el había aprendido que cuando la mente es abordada correctamente, esto se filtra hacia el corazón. El asunto que comparto aquí tiene grandes implicancias. Ocasionamos un perjuicio a nuestros jóvenes al no concederle crédito a su capacidad de pensar. No podemos dejar esto sin corregir.



Palabras claves: Ravi Zacharias, recursos. Ravi Zacharias, español.

Artículo original disponible en línea en http://www.rzim.org

jueves, 23 de febrero de 2012

Ravi Zacharias en español. El agonizante arte de pensar II

Parte I

Parte III


Los seguidores de Cristo deben demostrar al mundo lo que es realmente pensar, y más aún, lo que es pensar rectamente. ¿Pero como puede uno aplicar esto en una cultura en la que el progreso esta determinado por la velocidad y definido por la cantidad?

Lo que resulta aún más destructivo, es que el mayor imperativo no viene por el lado de la velocidad o la cantidad, sino de la suposición de que el silencio es enemigo de la vida.

La radio en el auto, la música funcional en el ascensor, y las melodías telefónicas mientras uno espera en línea, se suman como impedimentos a la reflexión personal. En efecto, a la mente se le niega el privilegio de vivir con si misma, aunque sea brevemente, y es abarrotada con estímulos externos que acometen contra su intimidad.

El dictamen de Aldous Huxley, “La mayor parte de nuestra vida... es un prolongado esfuerzo por evitar el pensamiento”, parece funestamente verdadero. El precio pagado a consecuencia de este escenario ha sido devastador. T. Eliot Observó:

“Donde está la vida que hemos perdido en el vivir?

¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento?

¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en la información?

Los ciclos celestiales en veinte siglos

Nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.”

¿Hay algún remedio? Permitame hacer algunas sugerencias para beneficio personal y de la comunidad.

Estudiar la Palabra de Dios.

Nada tiene más valor a la hora de trabajar la mente que un estudio planeado y sistemático de la Palabra de Dios, a través del cual se plantan en ella los parametros y valores de la vida. Pablo, que amaba sus libros y pergaminos, afirmó la superioridad de la Escritura “no ir más allá de lo que está escrito”. El salmo 119 promete que los estatutos de Dios nos librarán de tener una mente inconstante.

Leer grandes libros

El mundo de habla inglesa está dotado de un gran caudal de libros. Pero mucha literatura contemporanea corre peligrosamente cerca de una religión promiscua con cierto gusto por el síndrome de “sentirse mejor”, antes que por el impulso de “ir profundo”.

Lea también autores que amplíen su visión y lo introduzcan a otros escritos. Los grandes escritores estimulan la capacidad de pensar más allá de sus propias ideas, generando nuevas perspectivas y adiciones por parte del lector. La buena lectura es indispensable para la transmisión de la verdad. La erogación de palabras sin el ingreso de ideas conduce a la bancarrota conceptual.

(Continúa).



Palabras claves: Ravi Zacharias, recursos.

Artículo original disponible en línea en http://www.rzim.org

sábado, 18 de febrero de 2012

El agonizante arte de pensar ( I )

The Dying Art of Thinking, por Ravi Zacharias, en español. Traducción y adaptación: Salí de la pecera (I).

Parte II

Parte III

El filósofo del siglo XVII Rene Descartes es particularmente conocido por su postulado “pienso, luego existo”. Se podría decir con cierta ironía que Descartes puso en realidad la carreta antes que los caballos, ya que en realidad la único deducción válida que podría haber hecho era “Pienso, luego el pensamiento existe”. No pretendo sin embargo defender o refutar la filosofía cartesiana; mi intención es remarcar el hecho de que el pensamiento tiene mucho que ver con la vida y con la certeza.

Una de las trágicas víctimas de nuestra era ha sido la vida contemplativa – una vida que piensa, que piensa las cosas a través de Dios, y más especificamente, que piensa tras Dios los pensamientos suyos.

Nunca asumiríamos que una persona sentada frente a su escritorio con la mirada perdida en algún punto más allá de su ventana está trabajando. ¡No! ¡Pensar no es trabajar! No obstante, de haber Newton bajo el árbol, o Arquímedes en su bañera aceptado este prejuicio, algunas leyes naturales estarían todavía flotando en el aire o sepultadas bajo una roca inamovible. Los Pensees (pensamientos) de Pascal, una obra que inspiró a millones, nunca habría sido escrita.

La Biblia otorga un lugar de preeminencia a la vida pensante. “Como un hombre piensa en su corazón, tal es él,” escribió Salomón. Jesús afirmó que el peso del pecado yace en la idea misma, no sólo en el acto. Pablo exhortó a la iglesia de Filipos a tener la mente de Cristo, y a las mismas personas escribió, “lo que es verdadero… puro… si hay virtud alguna… en esto pensad.”

Los seguidores de Cristo deben demostrar al mundo lo que es realmente pensar, y más aún, lo que es pensar rectamente.

Palabras claves: Ravi Zacharias en español. Recursos.



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