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martes, 24 de agosto de 2021

Sentir a Dios (1)

(Post publicado originalmente en agosto de 2009)

Cuando una persona que afirma la existencia de Dios es interrogada respecto a las evidencias en que se apoya para hacerlo, es bastante común que aquella conteste, palabras más o menos, de la siguiente manera: "Creo que Dios existe porque lo experimento y lo siento así en mi vida". Técnicamente, por decirlo así, la respuesta no es mala. El cristianismo, al que me refiero aquí en forma específica, es una fe con un fuerte acento puesto sobre la posibilidad de relación entre el hombre y un Dios personal. No un Dios lejano que controla el mundo desde algún remoto rincón del universo, ni un Dios impersonal plausible de ser concebido como una simple forma de energía, sino un Dios con personalidad, raciocinio y voluntad, que está en constante interacción con sus creaturas. Si se cree en un ser que es todopoderoso y reúne estas características, sería lógico pensar que el mismo tiene la capacidad de darse a conocer en forma fehaciente. No obstante esto, la afirmación de que el hombre pueda en base a sus vivencias al respecto, atestiguar de manera irrebatible la existencia de Dios, es no sólo rechazada de plano por aquellos que son escépticos respecto a estas cuestiones, sino también, con frecuencia minimizada por los apologistas de la cristiandad.

Particularmente pienso que no se debe, ni abusar de esta declaración, ni desecharla con tanta rapidez. La utilización a la ligera de la expresión "creo en Dios porque lo siento en mi vida", o alguna otra equivalente, como una respuesta estándar, prefabricada para echar mano de ella en forma irreflexiva, con el único fin de tener que contestar y zanjar un disputa, genera un halo de cierta hipocresía en torno a nuestra religiosidad, cuando no se condice con la realidad.

Si yo afirmo tener tan estrecha relación con Dios, que mi fe respecto a él es inconmovible, pero mi personalidad y mi conducta no reflejan ninguna diferencia substancial al de cualquier otra persona, en términos de las motivaciones más profundas que guían mis acciones, la razonable conclusión de cualquier observador externo sería que eso que llamo "relación estrecha con Dios" y "fe inconmovible" son estados más vale bastante ordinarios y carentes de un valor verdaderamente relevante.




(Continúa.)

lunes, 1 de febrero de 2010

Doctrina y experiencia personal

El evangelismo de hoy en día parece haber levantado el altar y dividido el sacrificio en trozos, sin percatarse, quizá, que no hay fuego en la cumbre del monte Carmelo. Pero gracias a Dios porque hay algunos que se preocupan por ello. Son los que aman el altar, y se deleitan en el sacrificio, y no están conformes porque aún no ven descender el fuego. Lo que desean, por sobre todas las cosas, es la presencia de Dios. Más que ninguna otra cosa desean gustar de la "penetrante dulzura" del amor de Cristo, del cual escribieron los profetas y cantaron los salmistas.

No hay falta hoy en día de buenos maestros bíblicos que enseñan correctamente la doctrina de Cristo, pero muchos de ellos parecen contentarse, año tras año con enseñar los fundamentos de la fe, sin advertir que en su ministerio hay falta de la Presencia, ni nada en sus propias vidas que sea extraordinario o sobrenatural. Ejercen su ministerio entre creyentes espirituales, anhelantes de experiencias que ellos no pueden satisfacer.

(...) Se confirma la sentencia de Wesley, "La ortodoxia o correcta opinión, es, después de todo, parte muy endeble de la religión. Si bien es cierto que nadie puede tener buen carácter sin tener buenas opiniones, es posible tener buenas opiniones sin tener buen carácter. Se pueden tener excelentes opiniones acerca de Dios sin que ello signifique que se lo ama o se desee servirle. Satanás es una prueba de ello."

(...) La exposición sana y correcta de la Biblia es imperativa en la iglesia del Dios vivo. (...) Pero dicha exposición puede hacerse de manera tal que deje a los oyentes vacíos de verdadero alimento espiritual. Las almas no se alimentan solo de palabras, sino con Dios mismo, y mientras los creyentes no encuentren a Dios en una experiencia personal, las verdades que escuchen no les harán ningún bien. Leer y enseñar la Biblia no es un fin en sí mismo, sino el medio para que lleguemos a conocer a Dios, y que podamos deleitarnos con su presencia y gustemos cuan dulce y grato es sentirle en el corazón.


A.W. Tozer, LA BÚSQUEDA DE DIOS, Prefacio (fragmentos).

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Natural Vs. Sobrenatural (V)

Entre los pueblos que pujan por ocupar territorio palestino, luego del declive del dominio egipcio sobre la región, los filisteos se van constituyendo, de acuerdo al relato bíblico, como un poderoso adversario de los hebreos.

1º Samuel 13 nos muestra al ejercito israelita en aprietos. El hijo del Rey hizo algo que disgustó a los filisteos provocando el avance de estos sobre los asentamientos Hebreos. En medio del panorama de desaliento imperante en Israel ante la amenaza de un enemigo notablemente superior en términos de armamento, Jonatan, toma la iniciativa, y secundado por su escudero ataca la guarnición filistea dejando escapar de sus labios, a modo de incentivo, un interesante concepto "quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos" (1º Samuel 14:6).

La idea subyacente tras la afirmación del joven entra en el orden de los conceptos que intentan ahondar estos post: En el plano de los eventos materiales no le cuesta más a Dios hacer las cosas de una forma que de otra. No le es más difícil alterar el orden de los acontecimientos habituales que hacer corresponder a cada causa el efecto para nosotros lógico y esperado. Las limitaciones y reglas fisicas y naturales aplican para los hombres, pero no para quien creo el mundo físico e impuso esas limitaciones y reglas. Él podría haber organizado el mundo de forma distinta a la que lo hizo.

La conclusión que se desprende de lo anterior es que el mundo físico, y los acontecimientos que en el se dan, están organizados y constituidos en principio de la forma en que Dios lo decidió, lo hizo y lo sustenta. El continuo devenir de los procesos naturales refleja entonces la voluntad, la acción y el poder divino en nuestro entorno físico de manera tan completa como lo haría un hipotetico fenómeno sobrenatural. Esta, que vemos a nuestro alrededor y en el hombre mismo, es la manera en que actúa Dios. No es más Dios o más poderosos cuando produce fenómenos considerados como extraordinarios desde una perspectiva humana. Su poder e inteligencia operan de manera continua en el incesante flujo de los eventos naturales y están presentes en cada uno de los componentes del mundo que nos rodea.

"...Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos;
toda la tierra está llena de su gloria."
Isaías 6:3

domingo, 13 de diciembre de 2009

Natural Vs. Sobrenatural (IV)

Hecha estas observaciones sobre aquellos fenómenos que estaríamos dispuestos a llamar milagros, volvamos brevemente la mirada sobre los hechos naturales para efectuar luego una comparación entre ambos.

Respecto al fluir habitual y continuo de los hechos naturales, en cuanto al vínculo que guardan con Dios, a veces somos propensos a percibir esta relación como algo despersonalizado. Tenemos la sensación de que una vez hecho el mundo Dios lo puso en piloto automático, lo dejó andando y se desentendió de él. Sin embargo, parecen desprenderse con frecuencia de la pluma de distintos escritores bíblicos nociones que refuerzan la postura de quienes definen el sostén y preservación de la creación y sus movimientos naturales como dependientes de una operación continua de Dios.

"... quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”
Heb. 1:3

“El da a todos vida, y respiración, y todas las cosas”
Hech. 17:25

“... hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueva sobre justos e injustos”
Mat. 5:45

"Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten"
Col. 1:17

"Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas."
Neh 9:6

Entre otros varios ejemplos. El Salmo 104, particularmente, resalta de una manera muy bella y fresca la grandeza de Dios actuando en el flujo continuo de los eventos naturales.

A propósito de estas cuestiones dice Berkhof lo siguiente: (LUIS BERKHOF: TEOLOGÍA SISTEMÁTICA)

"El poder de Dios aplicado a sostener todas las cosas es tan positivo como el que ejerció en la creación. La naturaleza precisa de su obra en sostener todas las cosas tanto en su ser como en su acción (...) Con Shedd decimos: 'En el mundo material Dios actúa inmediatamente en y por medio de leyes y propiedades materiales. En el de la mente, Dios actúa inmediatamente y por medio de las propiedades mentales' (...) La preservación puede definirse como aquella obra continua de Dios por medio de la cual El mantiene las cosas que creo, juntamente con la propiedades y poderes con que El las dotó."

Y anteriormente, bajo el título ERRORES REFERENTES A LA NATURALEZA DE LA PROVIDENCIA incluye entre las concepciones que él considera incorrectas, aquellas según la cual "Cuando Dios creó a todas sus criaturas les impartió ciertas propiedades inalienables, las colocó bajo leyes invariables y las dejó que se ocuparan en labrar su destino por medio de sus poderes propios inherentes. Entre tanto, El únicamente ejercita una inspección general, no de los agentes específicos que aparecen en la escena, sino de las leyes generales que El ha establecido. El mundo es simplemente una máquina que Dios ha puesto en movimiento, y en ningún sentido un barco que El pilotea día tras día."

(Continúa...)

martes, 8 de diciembre de 2009

Natural Vs. Sobrenatural ( III )

No quiero entretenerme mucho más con el tema específico de los milagros, el propósito principal de estos post es más bien reflexionar sobre nuestra forma de percibir el accionar habitual y diario de Dios en la creación. Sin embargo, quisiera hacer antes de continuar unas pocas observaciones que creo importantes, relacionadas con la idea desarrollada en la ultima entrada, respecto a la función de estas manifestaciones fuera de lo común como fenómenos distintivos de la intervención divina.

1 – Encuentro el que hallan sucedido eventos distintos a los habituales en el orden natural, como los que salpican regularmente las escrituras, no sólo posible si existe un Dios creador de quien deriva el establecimiento de dicho orden, sino también, hasta cierto punto, necesario. Creo que Dios se comunica con frecuencia de formas tan humanas o naturales, (es un poco la conclusión a que aspiran llegar estos post), que se necesita a veces de un distintivo que haga patente su participación, a fin de que no se tomen como fruto exclusivo de la interacción o voluntad humana ciertos acontecimientos de importancia primordial en la historia de la revelación divina.

2 – Distinto a la tendencia imperante no pocas veces en el ámbito cristiano, si bien de acuerdo al registro bíblico Jesús realizó muchos milagros, no se desprende nunca del relato evangélico que este haya alentado la búsqueda curiosa o superflua de experiencias extraordinarias y sobrenaturales (Mat 16: 1-4, Mar 8:11-12, Luc 4:9-12, 11:29, 16:31, 23:8-9).

3 - Por el contrario, estas señales revisten un carácter más vale negativo, como agravantes de juicio, en tanto demostrativas de actuación divina, cuando no provocan un cambio consecuente en las personas que fueron testigos de ellas (Mat 11:20-24). Esto tiene sentido si se considera además que el restablecimiento de un vínculo adecuado entre hombre y creador no depende después de todo de un mero convencimiento por parte de aquél acerca de la existencia de éste.

(Continúa...)

jueves, 3 de diciembre de 2009

Natural Vs. Sobrenatural (II)

La «admiración» surge ante aquelló que es «prodigioso» (…) Los prodigios son la aparición, la presencia y la actividad de lo que es básica y definitivamente incompatible con e inasimilable a la norma de la experiencia común (…) En este punto resulta muy instructivo echar una ojeada a los relatos bíblicos de prodigios o milagros. Tales relatos desempeñan un papel llamativamente importante en el testimonio bíblico de la obra y de la palabra de Dios. En el sentido propio del término bíblico, los «milagros» son aquellos sucesos en el tiempo y en el espacio que no tienen analogías.
Karl Barth, Introducción a la teología evangélica.

Resumendo lo dicho en el anterior post de esta serie, la acción de calificar a algún fenómeno de extraordinario responde en gran medida a que sea un fenómeno al que el hombre no esta acostumbrado. Por su parte, aquello que el hombre llama "normal" o "común" hace referencia simplemente a la forma a la que esta habituado que sean las cosas. Es la manera en que Dios dispuso la creación, y a la que por lo tanto el hombre se acostumbró, pero, justamente, si se cree en un Dios con el poder para crear el universo a su voluntad, no hay ninguna razón coherente para pensar que el mismo estaría impedido de hacer cosas distintas.

Cuando los evangelistas narran algunos de los milagros operados por Jesús, se advierte en ocasiones este componente de lo que sale fuera de lo común, lo no visto o experimentado hasta entonces, reflejado en las reacciones de quienes fueron testigos:

Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel.
Mat 9:33

Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.
Mar 2:12

En ocasiones pareciera incluso desprenderse del registro bíblico la idea de que Dios utiliza esta capacidad de deslumbrar que tiene lo inusual, cuando existe un particular interés en que quede patente su intervención en los asuntos humanos. La declaración más explícita al respecto la tenemos de boca de Moises, quién, en ocasión de la rebelión de Core, relaciona directamente el acontecimiento de un hecho nuevo, fuera de aquellos a los que el hombre está acostumbrado, con el convencimiento de que es Jehová quien interviene en el asunto:

Si como mueren todos los hombres murieren éstos, o si ellos al ser visitados siguen la suerte de todos los hombres, Jehová no me envió. Mas si Jehová hiciere algo nuevo, y la tierra abriere su boca y los tragare con todas sus cosas, y descendieren vivos al Seol, entonces conoceréis que estos hombres irritaron a Jehová.
Núm 16:29 - 30

(Continúa...)

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Natural Vs. Sobrenatural (I)

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 
Génesis 1:1

Si se acepta que Dios creo al mundo e instauró en el las leyes naturales que lo gobiernan, es posible pensar entonces que pudo haberlo hecho de forma distinta a la que conocemos. Es decir, si Dios hizo el mundo como lo conocemos y lo hizo sin ninguna limitación fuera de su propia voluntad, podría haberlo hecho de otra forma en caso de haber querido.

Este concepto hecha luz sobre cierta idea que habitualmente se tiene sobre la forma en que Dios obra, que resulta un tanto confusa y constituye un obstáculo a la posibilidad de distinguir a Dios actuando en la creación. La tendencia al respecto es concebir la actuación divina como un fenómeno extraordinario, sobrenatural y excepcional. Es decir, se piensa que una manifestación directa de Dios, sería una irrupción de este en el orden natural, de modo que lo interrumpiera o alterara momentáneamente de forma repentina y extraordinaria y en contraposición a esto se ve a los eventos habituales, naturales y continuos del mundo, como manifestaciones indirecta del accionar de Dios. Como si para advertir la mano de Dios detrás del orden natural, el hombre debiera hacer un gran esfuerzo deductivo y esta no fuera en realidad una manifestación de su obrar tan clara como lo sería el que dicho orden se modificara.

Lo ambiguo respecto a esta concepción del actuar divino reside en que, si estamos de acuerdo con lo dicho en el primer párrafo, la calificación de “extraordinario” adquiere un cariz fuertemente relativo. Esto que llamamos extraordinario no sería en última instancia una característica intrínseca, natural o que yace en la esencia de acontecimiento alguno, sino que obedecería más que nada a una cuestión de aquello a lo que estamos acostumbrados. Es decir, Dios dispuso la creación de cierta manera, y estaríamos dispuestos a tildar de extraordinario aquello que no encaje en esa disposición, pero si la hubiera dispuesto de manera distinta, entonces las cosas para nosotros extraordinarias podrían haber sido otras.

(Continúa)

lunes, 14 de septiembre de 2009

Sentir a Dios (II) - El tabú

Hace varios años estuve trabajando un verano en un hotel ubicado en medio de las sierras de cordoba. Cómo terminadas las tareas habituales, nos quedaba bastante
tiempo libre, los chicos del plantel aprovechabamos para distraernos un poco, disfrutando del agreste paisaje, jugando a algo, o viendo una que otra pelicula.

Allí aprendí a jugar al tabú. Este se juega con un mazo de cartas o tarjetas especiales, que tienen una palabra escrita en la parte superor de una de sus caras. El objetivo es adivinar esa palabra. Se juega por equipos, y una persona de cada uno, alternadamente en cierta cantidad de tiempo, trata de definir el término a sus compañeros. La dificultas reside en que, debajo de la principal, hay otra serie de palabras, las palabras tabú, que no se pueden usar, y que son, allí está la gracia, indispensables para trazar dicha definición. Si la palabra en cuestión es "escalera", por ejemplo, apareceran abajo vocablos como "escalón", subir", bajar", y otros relacionados.

Desde hace algún tiempo he notado que cuando alguien pretende probar la supuesta irracionalidad de creer en Dios, frecuentemente adopta la estrategia de añadir una cláusula adicional a la pregunta citada en un post anterior, respecto a las bases de dicha creencia, y dice algo como: "- pero no me contestes que lo sabés por tu experiencia o por fe." No puedo evitar que me parezca un poco gracioso. Es como jugar al tabú, se hace una pregunta, pero aclarando de antemano que no se quiere por respuesta lo que de hecho es una posible respuesta.

Uno puede imaginarse una situación de examen en la universidad:

- alumno, hábleme por favor de la visión marxista del capitalismo, pero no me venga con eso de la explotación y la propiedad de los medios de producción...

Puede ser entretenido para pasar el rato, pero no es la metodología que uno elegiría para explicar un concepto. El intento de querer restringir una discusión únicamente al campo de lo que uno está dispuesto a aceptar, invalida desde un comienzo toda discusión.

Bajo tales términos, cualquier posibilidad de llegar a una conclusión sensata es prácticamente imposible, y se diría incluso, que indeseada.

(Tal vez continúe).

domingo, 30 de agosto de 2009

Sentir a Dios (I)

Cuando una persona que afirma la existencia de Dios es interrogada respecto a las evidencias en que se apoya para hacerlo, es bastante común que aquella conteste, palabras más o menos, de la siguiente manera: "Creo que Dios existe porque lo experimento y lo siento así en mi vida". Técnicamente, por decirlo así, la respuesta no es mala. El cristianismo, al que me refiero aquí en forma específica, es una fe con un fuerte acento puesto sobre la posibilidad de relación entre el hombre y un Dios personal. No un Dios lejano que controla el mundo desde algún remoto rincón del universo, ni un Dios impersonal plausible de ser concebido como una simple forma de energía, sino un Dios con personalidad, raciocinio y voluntad, que está en constante interacción con sus creaturas. Si se cree en un ser que es todopoderoso y reúne estas características, sería lógico pensar que el mismo tiene la capacidad de darse a conocer en forma fehaciente. No obstante esto, la afirmación de que el hombre pueda en base a sus vivencias al respecto, atestiguar de manera irrebatible la existencia de Dios, es no sólo rechazada de plano por aquellos que son escépticos respecto a estas cuestiones, sino también, con frecuencia minimizada por los apologistas de la cristiandad.

Particularmente pienso que no se debe, ni abusar de esta declaración, ni desecharla con tanta rapidez. La utilización a la ligera de la expresión "creo en Dios porque lo siento en mi vida", o alguna otra equivalente, como una respuesta estándar, prefabricada para echar mano de ella en forma irreflexiva, con el único fin de tener que contestar y zanjar un disputa, genera un halo de cierta hipocresía en torno a nuestra religiosidad, cuando no se condice con la realidad.

Si yo afirmo tener tan estrecha relación con Dios, que mi fe respecto a él es inconmovible, pero mi personalidad y mi conducta no reflejan ninguna diferencia substancial al de cualquier otra persona, en términos de las motivaciones más profundas que guían mis acciones, la razonable conclusión de cualquier observador externo sería que eso que llamo "relación estrecha con Dios" y "fe inconmovible" son estados más vale bastante ordinarios y carentes de un valor verdaderamente relevante.

(Continúa.)

viernes, 22 de agosto de 2008

Por que no otorga Dios peticiones sobrenaturales?

Revisando entradas viejas en el blog de Anyul, encontré esta en la que invita a opinar sobre un tema interesante. Presenta la postura escéptica planteada a partir de un debate entre Rick Warren y alguien que supongo será alguna especie de ateo, sobre las suspicacias que despierta entre los opositores de la fe, el hecho de que aparentemente pedimos los cristianos y Dios responde, únicamente aquellas cosas que están dentro del espectro de lo posible, como por ejemplo, que un inmigrante consiga empleo, pero que nuca se ora ni se ha comprobado que Dios conceda algún favor sobrenatural . Transcribo un párrafo para mayor claridad:

"¿Qué pasaría? – le pregunta – si un millón de cristianos rezaran para que le volviera a crecer un brazo a un hombre que lo perdió en la guerra? El resultado es, por supuesto, que no sucedería tal cosa, a pesar de que otras criaturas de Dios, como la salamandra, son capaces de llevar a cabo dichos procesos. El hombre no puede y, por tanto, nadie reza porque sucedan cosas que, como el ejemplo de Harris, son imposibles”.

Como en el mes de marzo cuando fue publicada no estaba muy inmerso todavía en esto de los blogs, no la había visto y voy a ensayar ahora una posible respuesta.

El problema reside en el punto de vista desde el cual hablamos de acontecimientos posibles o imposibles. El decir: que un inmigrante consiga empleo o a una salamandra le crezca la cola son cosas posibles, pero que a un hombre se le regenere la extremidad amputada es imposible, es correcto solo desde la perspectiva humana. Si existe un Dios todopoderoso a este le es igualmente posible hacer una cosa que las otras. Que ciertas cosas sean imposibles desde la perspectiva humana no implica que también lo sean desde la divina. Aunque en un contexto distinto en el que se refiere a cosas espirituales mas que físicas, creo que podemos apreciar esta diferencia de perspectivas en el concepto vertido por Jesús al afirmar: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios (Mar. 10:27 y pasajes paralelos). Algunos otros textos interesantes para meditar al respecto podrían ser Gen. 18:14, 1 Samuel 14:6, Zac. 8:6.

Ahora bien, no solo es correcto decir que la distinción entre sucesos posibles e imposibles no es aplicable a Dios, además, el que algo sea posible o no a nivel humano, depende de lo que El disponga.

Es decir, si a Dios le era igualmente posible crear a los hombres de tal manera que cuando perdieran un brazo les vuelva a crecer, como hacerlos de forma que esto no acontezca, el que el hombre sea de esta última forma depende de que Dios así lo dispusiera, como dispuso todas las leyes que rigen la naturaleza.

Todas estas leyes entonces, que marcan lo posible e imposible a nivel humano, son disposiciones divinas.

Tiene bastante sentido por lo tanto que nos limitemos a pedirle a Dios aquellas cosas circunscritas dentro de la esfera de sus disposiciones y que Dios no actúe en forma que altere las leyes por el mismo impuestas (aunque pueda hacerlo, si lo desea, en circunstancias excepcionales). Después de todo, este actuar "natural" de Dios es tan demostrativo de su poder como lo sería un actuar sobrenatural, ya que una y otra cosa le son igualmente posibles y el hecho de que nos impresione a nosotros mas lo segundo se debe simplemente a un mero acostumbramiento a lo primero.

Otra objeción al respecto, que suele alentar las sospechas escépticas, es el hecho de que según las escrituras Dios aparentemente alteraba las leyes naturales con bastante asiduidad en la antigüedad, cuando nosotros convenientemente no estábamos, cosa que ahora no ocurre.

Esta apreciación también es errónea. Dios no actuaba en forma sobrenatural con frecuencia, sino por el contrario en casos particulares, y con respecto a individuos y ubicaciones geográficas específicas las más de las veces. Estas actuaciones milagrosas registradas en la Escritura acostumbran estar estrechamente entrelazadas con momentos críticos en la historia del hombre y de la revelación que a este hace Dios de Si mismo y si su lectura despierta en nosotros esa sensación de "asiduidad milagrosa" es porque son justamente estos momentos críticos los que la Biblia se encarga de registrar.

Sabemos que estos momentos alcanzan su punto cumbre con en el advenimiento de Cristo, según lo cual es lógico que estas operaciones sobrenaturales hayan comenzado a partir de entonces a declinar, hasta el tiempo en que Dios intervenga nuevamente en el devenir de los acontecimientos, para marcar el fin de la historia tal como la conocemos.

martes, 5 de agosto de 2008

El Dios invisible

Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible,
al único y sabio Dios, sea honor y gloria
por los siglos de los siglos. Amén.
1 Timoteo 1:17

La invisibilidad debe ser una de los atributos de Dios que de menos popularidad goza. Se habla del amor de Dios, el poder de Dios, la santidad de Dios, pero casi nuca se habla de la invisibilidad de Dios. Se diría que esto de la invisibilidad más vale nos molesta. Muchas veces quisiéramos ver a Dios. Especialmente en los momentos difíciles, o en esos momentos de duda donde nos planteamos si todo esto es cierto o estaremos viviendo equivocados. Entonces uno quisiera verle, aunque tenga que caer temblando a sus pies, aunque deba apartar la vista y llorar avergonzado ante su santa presencia, uno quisiera tener algún tipo de señal, obsequiar aunque sea por un momento a sus sentidos, con la certeza de lo que cree en su mente y su corazón.


Al incrédulo por otro lado tal vez sea justamente la invisibilidad de Dios una de las cosas que más le impida creer en El. O sea, está bien, negar la existencia de Dios porque no podemos verlo, como plantea el empirismo, no tiene sentido, aceptar que un ser superior tuvo que haber hecho el mundo puede que nos parezca razonable, pero, aún así, aunque no sea ilógico, no es sumamente llamativo que al Dios creador de todas las cosas no podamos verlo?

Los cinco sentidos son la forma que tenemos de comunicarnos y relacionarnos con el mundo que nos rodea. Todo lo que conocimos desde que nacimos, lo conocimos a través de nuestros sentidos, de modo que, el que pueda haber alguna otra cosa que existe, pero que no podemos ver o experimentar de forma física, nos suena fantasioso. Ahora bien es justificada esta sensación?

La idea que subyace detrás de esta impresión de irrealidad es que las cosas espirituales son diferentes o tiene una manera distintas de presentarse que todas las demás cosas a que estamos habituados y sabemos que son verdaderas. Es decir, si todas las cosas que conozco, y se fehacientemente que son reales, la forma que tengo de percibirlas es a través de los sentidos y la experiencia directa, porque con Dios es diferente? Porque justamente las cosas espirituales no puedo conocerlas de la misma forma que a todas las demás cosas, sino que son distintas a ellas?

Suena a un argumento inventado por los teistas para justificar sus teorías "no es que Dios no exista, sino que lo captamos de manera diferente que a todo lo demás." Ahora bien, el error al suponer esto consiste en que este no es el argumento que presenta la biblia, todo lo contrario. La premisa que se puede extraer de las Escrituras no es "Dios es diferente a las demás cosas" porque esto equivaldría a tomar como parámetro a "las demás cosas", a ponerlas primero para después comparar a Dios con ellas. Esto no tiene ninguna concordancia con la enseñanza bíblica, al contrario, es descabellado. Lo que creemos los cristianos es que Dios es lo primero, que hizo todas las cosas y todas las cosas de el dependen. El esta por encima de todo lo demás. Por eso, lo que afirmamos no es que Dios sea diferente a las cosas materiales o físicas, sino que las cosas materiales o físicas son diferentes a Dios. Dios es lo primero, Dios es el parámetro.

El autor de la epístola a los hebreos deja claramente establecido este principio: "Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía" (Hebreos 11:3) Las cosas espirituales, las cosas que no se ven, fueron primero, las cosas que se ven, las cosas fisicas fueron hechas luego y solo a partir aquellas otras. Cuando Dios creo la materia hizo algo nuevo, los ángeles posiblemente dijeron: -Uh, que loco, es duro!

Pablo, escribiendo a los corintios también destaca la primacía de las cosas invisible sobre las visibles: "...no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" (2º Corintios 4:18). De modo que sostenemos no que Dios resulto ser de una forma diferente a todo lo demás, sino que las cosas espirituales, las que no se ven, están que son eternas, siempre fueron de la misma forma, y en algún momento de esta eternidad fue creado un mundo que era diferente, que era físico en contraste con lo espiritual.

No se trata de que Dios anda jugando a las escondidas, el siempre fue igual, fue espiritual y el hombre esta constituido de tal manera que la forma de relacionarse con este mundo físico es a través de los sentidos, pero las cosas espirituales siguen estando y estas no cambian, no se puede acceder a ellas por medios de los sentidos, sino por medio de la fe, y el que esto suene extraño a nuestra mentalidad terrena, no afecta en nada a su realidad.