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lunes, 18 de agosto de 2008

El carácter de Timoteo

Hablamos en el post anterior de la mala utilización de 1 Timoteo 5:20 por parte de hermanos deseosos de reprender en público a los pecadores impenitentes (lo bueno de un blog es que cuando decimos "hablamos", realmente hablamos e interactuamos y no es sólo una expresión condescendiente a modo de artilugio para que el lector se sienta incluido). Habiendo arribado a la conclusión de que una apresurada utilización de este texto comete el grave error de omitir el contexto y situación específica en que fue vertido, dejamos la puerta abierta a la posibilidad de que su uso, tal vez si sea valido en situaciones análogas. 

Volvemos al tema comenzando con lo último que se dijo en el post anterior, que en todo caso es necesario tener en cuenta cuales eran las cualidades de Timoteo, que llevaron a Pablo a concederle esta atribución. 

De versículos como 2 Timoteo 1:6-8, la mayoría de los comentaristas que consulté, coinciden en señalar que Timoteo era un joven de carácter mas vale tímido que necesitaba ser impulsado regularmente por las exhortaciones de Pablo para cumplir su cometido. Esta descripción encaja también con la actitud del apóstol, cuando al escribir a los corintios, en oportunidad de la posible llegada de su discípulo, parece mostrar particular interés en que los hermanos del lugar no lo desprecien y lo hagan sentir cómodo (1 Cor. 16: 10-11). Parece ser que Timoteo no era ningún James Bond del evangelio y me parece una apreciación importante para comprender el texto que estamos analizando. Si a una persona más impulsiva se le diera una oportunidad semejante de reprender a los demás, seguramente caería en excesos poco pertinentes al espíritu cristiano, en cambio, para Timoteo, me inclino a pensar que el mandato del apóstol constituía más una carga que un privilegio del cual jactarse y que utilizaría todos los recursos a su alcance para resolver la situación problemática antes de llegar a utilizarlo.

Aparentemente Timoteo era un hombre de caracter afectuoso y sensible (2 Timoteo 1:4) cualidad también importante a tener en cuenta, a partir de la cual podemos razonar que aún en caso de utilizar su derecho a la reprensión, lo haría con tacto y en forma más vale delicada. 

Su reputación en el evangelio era avalada por no pocos creyentes (Hechos 16:2). 

El interes mostrado en otras ocasiones por Timoteo hacia diversos grupos de creyentes (Filipenses 2:20) hace pensar en una persona que actuaría movida por genuina preocupación y no simplemente por enojo o por querer imponer su opinión. Aquí hace falta recalcar algo obvio pero en lo que reiteradamente se falla, y es que esta preocupación debe ser verdadera y no solo de palabra. No basta decir, "te digo esto porque estoy preocupado por vos" o "porque sentí de Dios que te lo tenía que decir". Tildenme de cínico, pero no me creo mucho estas frases y pienso que debiéramos lavarnos la boca antes de utilizar el nombre del Señor a modo de pretexto para hechar en cara cosas que en realidad es a nosotros a quienes nos molestan. 

Por último quería destacar un hecho que, escuetamente nombrado en las escríturas, se suele pasar por alto y es el que en algún momento de su vida, si bien carecemos de mayores datos, sabemos que Timoteo llego a estar preso (Heb. 13:23) sin duda a causa del evangelio. Esto evidencia su compromiso con el mensaje de Cristo, lo que le otorga, por decirlo de algún modo, un plus extra de autoridad, para actuar de acuerdo a lo encomendado en el texto que analizamos. De todos modos insisto en destacar la primacia del verdadero interes y el amor por sobre el sacrificio, ya que la Biblia es clara al manifestar la inutilidad de los hechos exteriormente mas heroicos si no son motivados por la principal de las virtudes (1 Cor. 13:3). Teniendo en cuenta además lo retorcida que puede llegar a ser el alma humana no me es difícil pensar en personas que estén dispuestas incluso a experimentar cierto sacrificio o hacer obras a favor de otros con tal de poder ejercer cierto poder sobre aquellos o simplemente sentirse importantes.

En fin, podríamos seguir hablando de Timoteo, de su conocimiento de las Escrituras, de su sana condescendencia al acceder a circuncidarse aunque no le fuera necesario, de las manifestaciones proféticas en cuanto a su ministerio y de su don especialmente conferido, todo lo que parece hacer de aquel que recibió la facultad de poder amonestar a otros publicamente, una persona bastante díficil de emular. Por el momento me contento con pensar que la próxima vez que alguien tipee el texto de 1 Timoteo 5:20 en el buscador, a lo mejor se encuentre con este sencillo aporte, que intenta dar al tema un enfoque diferente.

viernes, 15 de agosto de 2008

Repréndelos delante de todos

Los buscadores como Google o Yahoo son una buena forma de sondear opiniones acerca de un determinado tema. Uno pone una frase relacionada, y con un simple click accederá a la larga lista de lo que los internautas han dicho al respecto. Una especie de tormenta de ideas virtual.

La semana pasada, preparando un mensaje hice algo así con un texto. Me llamo la atención 1 Timoteo 5:20, relacionado con el tema que debía tratar, así que en un mezquino intento de acumular puntos de vista con un mínimo esfuerzo, copie el texto en el buscador: "A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman” e hice click sobre el consabido botoncillo que nos lleva a los resultados.

En vez de hallar diversidad de enfoques como esperaba, me econtre con cientos de estudios, artículos y comentarios, de gente que toma este texto y lo blande con regocijo, haciéndose un festín con la idea de reprender a los pecadores reincidentes para que todos teman.

Bueno, en realidad no me leí los cientos de resultados, a la tercer hoja como que me cansé.

Puede ser que tanta gente tenga la soberbia idea de creerse en condiciones de amonestar a otros y regodearse en ello? Realmente creen estas personas que son mejores y que no merecen más bien estar del lado de los reprendidos que de los reprendedores?

Disto mucho de ser un experto en hermenéutica, pero hay unos cuantos principios bastante básicos que estas gentes están ignorando olímpicamente en su afán por agregar 1 Timoteo 5:20 a las listitas de textos citados a la ligera, que supuestamente le permiten a uno juzgar a otras pobres animas menos santas.

En primer lugar se debe tener en cuenta que las cartas a Timoteo junto con la de Tito forman el grupo de las llamadas por algunos “epístolas pastorales”, que fueron escritas no a un grupo de cristianos en general o iglesia local, sino a personas especificas e individuales, en este caso, Timoteo.

En segundo lugar es importante tener en cuenta las circunstancias en que fue escrita la epístola. Timoteo había sido dejado por Pablo en Efeso con el fin de corregir ciertos desordenes, pareciera que principalmente de índole doctrinal. No solo entonces se debe tener en que este mandato es dirigido primeramente a Timoteo, sino también que le es dirigido en ocasión de una misión específica que estaba cumpliendo.

Como un tercer punto es importante destacar que al citar precipitadamente este sexto se esta pasando por alto, no solo la cuestión de a quien va dirigido y en que circunstancias sino también el contexto inmediato en que está inserto dentro de la epístola. Del versículo precedente se desprende que Pablo esta dando instrucciones en este momento a su discípulo, concerniente a los ancianos (presbíteros) de la iglesia local. De aquí se aclara el sentido de la frase “para que los demás teman” que a varios de los internautas citados anteriormente pareciera atraerles notablemente. Se trata simplemente de mostrar al resto de la congregación (aunque algunos comentaristas entienden incluso por “los demás” a los demás ancianos) que ni aún la autoridad eclesiástica es pretexto para evadir la corrección y tengan entonces mayor cuidado en su conducta. No se trata simplemente de escrachar a un hermano frente a la congregación.

Entiendo, admito correcciones, que incluso este accionar tocante a los ancianos es encomendado particularmente a Timoteo en su carácter de “interventor” por llamarlo de algún modo, de la iglesia que se reunía en Efeso, y no a cualquiera que quiera adjudicarse el derecho. Creo no estar divagando al decir que del “contra un anciano no admitas acusación sino…” del versículo 19 se desprende que Timoteo estaba en posición de que los creyentes del lugar apelaran a el con quejas dirigidas incluso hacia los ancianos.

Se sigue entonces de lo expuesto que este mandato de reprender públicamente responde a una situación más bien específica y dista mucho de ser legítima su aplicación por cualquiera que desee apropiárselo. Se podría argumentar, que sería lícito, en ciertas circunstancias que revistan características análogas a las vividas en Efeso por aquel tiempo, pero no podemos ignorar que Pablo eligió a Timoteo para cumplir este mandato, y no a cualquier otro. Deberíamos detenernos entonces en las características del joven creyente que lo hicieron apto para desempañar este papel. Lo dejamos para otro post, adelantando solo que obviamente no son características de la que muchos de nosotros nos podamos jactar.