Hablamos en el post anterior de la mala utilización de 1 Timoteo 5:20 por parte de hermanos deseosos de reprender en público a los pecadores impenitentes (lo bueno de un blog es que cuando decimos "hablamos", realmente hablamos e interactuamos y no es sólo una expresión condescendiente a modo de artilugio para que el lector se sienta incluido). Habiendo arribado a la conclusión de que una apresurada utilización de este texto comete el grave error de omitir el contexto y situación específica en que fue vertido, dejamos la puerta abierta a la posibilidad de que su uso, tal vez si sea valido en situaciones análogas.
Volvemos al tema comenzando con lo último que se dijo en el post anterior, que en todo caso es necesario tener en cuenta cuales eran las cualidades de Timoteo, que llevaron a Pablo a concederle esta atribución.
De versículos como 2 Timoteo 1:6-8, la mayoría de los comentaristas que consulté, coinciden en señalar que Timoteo era un joven de carácter mas vale tímido que necesitaba ser impulsado regularmente por las exhortaciones de Pablo para cumplir su cometido. Esta descripción encaja también con la actitud del apóstol, cuando al escribir a los corintios, en oportunidad de la posible llegada de su discípulo, parece mostrar particular interés en que los hermanos del lugar no lo desprecien y lo hagan sentir cómodo (1 Cor. 16: 10-11).
Parece ser que Timoteo no era ningún James Bond del evangelio y me parece una apreciación importante para comprender el texto que estamos analizando. Si a una persona más impulsiva se le diera una oportunidad semejante de reprender a los demás, seguramente caería en excesos poco pertinentes al espíritu cristiano, en cambio, para Timoteo, me inclino a pensar que el mandato del apóstol constituía más una carga que un privilegio del cual jactarse y que utilizaría todos los recursos a su alcance para resolver la situación problemática antes de llegar a utilizarlo.
Aparentemente Timoteo era un hombre de caracter afectuoso y sensible (2 Timoteo 1:4) cualidad también importante a tener en cuenta, a partir de la cual podemos razonar que aún en caso de utilizar su derecho a la reprensión, lo haría con tacto y en forma más vale delicada.
Su reputación en el evangelio era avalada por no pocos creyentes (Hechos 16:2).
El interes mostrado en otras ocasiones por Timoteo hacia diversos grupos de creyentes (Filipenses 2:20) hace pensar en una persona que actuaría movida por genuina preocupación y no simplemente por enojo o por querer imponer su opinión.
Aquí hace falta recalcar algo obvio pero en lo que reiteradamente se falla, y es que esta preocupación debe ser verdadera y no solo de palabra. No basta decir, "te digo esto porque estoy preocupado por vos" o "porque sentí de Dios que te lo tenía que decir". Tildenme de cínico, pero no me creo mucho estas frases y pienso que debiéramos lavarnos la boca antes de utilizar el nombre del Señor a modo de pretexto para hechar en cara cosas que en realidad es a nosotros a quienes nos molestan.
Por último quería destacar un hecho que, escuetamente nombrado en las escríturas, se suele pasar por alto y es el que en algún momento de su vida, si bien carecemos de mayores datos, sabemos que Timoteo llego a estar preso (Heb. 13:23) sin duda a causa del evangelio. Esto evidencia su compromiso con el mensaje de Cristo, lo que le otorga, por decirlo de algún modo, un plus extra de autoridad, para actuar de acuerdo a lo encomendado en el texto que analizamos. De todos modos insisto en destacar la primacia del verdadero interes y el amor por sobre el sacrificio, ya que la Biblia es clara al manifestar la inutilidad de los hechos exteriormente mas heroicos si no son motivados por la principal de las virtudes (1 Cor. 13:3). Teniendo en cuenta además lo retorcida que puede llegar a ser el alma humana no me es difícil pensar en personas que estén dispuestas incluso a experimentar cierto sacrificio o hacer obras a favor de otros con tal de poder ejercer cierto poder sobre aquellos o simplemente sentirse importantes.
En fin, podríamos seguir hablando de Timoteo, de su conocimiento de las Escrituras, de su sana condescendencia al acceder a circuncidarse aunque no le fuera necesario, de las manifestaciones proféticas en cuanto a su ministerio y de su don especialmente conferido, todo lo que parece hacer de aquel que recibió la facultad de poder amonestar a otros publicamente, una persona bastante díficil de emular. Por el momento me contento con pensar que la próxima vez que alguien tipee el texto de 1 Timoteo 5:20 en el buscador, a lo mejor se encuentre con este sencillo aporte, que intenta dar al tema un enfoque diferente.