Mostrando entradas con la etiqueta relaciones interpersonales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relaciones interpersonales. Mostrar todas las entradas
jueves, 20 de septiembre de 2012
Pequeño comentario a 1º Juan 1
Juan se refiere a Cristo como la vida eterna que estaba con el Padre (v.2). El Señor es descrito, desde esta perspectiva, como la manifestación en la dimensión temporal del hombre, de aquella vida que existe desde la eternidad. Hay como una transposición de algo que es eterno a nuestra dimensión temporal y espacial.
Los apóstoles acompañaron a este Cristo y contaron lo que con Él vivieron y aprendieron. No hablaron de especulaciones o ideas en abstracto sino de aquello que constituyó en ese tiempo su propia y personal experiencia en su vida cotidiana con Jesús (v.1). Este testimonio, tutelado por el Espíritu, se constituye en el mensaje eterno que de esta forma es transmitido a los hombres.
Juan presenta a este mensaje como la base para la comunión (v.3). Cuando uno recibe el evangelio entra en comunión con el cuerpo formado por todos aquellos que lo recibieron. Esta comunión es primero con Dios, al tener una relación de unión con Él se tiene luego comunión con todos lo que tienen la misma relación. Al andar en luz se tiene comunión con todos aquellos que reconociendo su necesidad de Dios, andan de la misma manera (v.7).
La clave para la correcta relación entre los hombres podría quizás encontrarse entonces en la búsqueda de una correcta relación con Dios. En este sentido tal vez pueda resultar infructuoso trabajar las relaciones que cada uno tenga con los demás sin haber trabajar primeramente la relación con el Señor de todos.
domingo, 21 de noviembre de 2010
Amar sin motivo
Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente,apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguien tuviera el valor de morir por el bueno. Pero Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:6-8
Pasaje conocido si lo hay, dice algo sin embargo en lo que no siempre reparamos. La sociedad le otorga valores a las cosas, distintos valores. A medido que el ser humano crece, dentro de una cultura determinada, aprende a valorar el mundo que lo rodea de acuerdo a esa escala. En general tenemos una tendencia a amar aquellas cosas que son valiosas para nuestra cultura. En cuanto a las personas, particularmente, percibimos como más dignas de ser amadas aquellas que cumplen o acaparan cierto número de aquellos atributos que consideramos valiosos: belleza, simpatía, cierta destreza, etc.
Pablo nos recuerda el hecho de que Cristo murió por nosotros cuando aún eramos débiles, siendo aún pecadores. El amor de Dios no se basó en algún atributos favorable que pudiéramos ostentar.
Esto nos enseña por lo menos dos cosas. Una, que Dios simplemente nos ama. El puede agradarse en nosotros cuando hacemos lo bueno, por supuesto, igual que a nosotros nos gusta la compañía de aquellos con quienes tenemos afinidad, pero más allá de eso nos ama a pesar de lo imperfectos que podamos ser. Cristo murió por el hombre cuando este estaba todo lo alejados de Dios que pudiera estar. Eso demuestra lo incondicional de su amor.
En segundo lugar es un llamado de atención a la forma en que nosotros estamos dispuesto a conceder nuestro amor. Debemos amar a las personas en cuanto personas, y no en base a los atributos que para la sociedad son valiosos. Amar no solo a los que nos gustan o nos caen bien sino a todos los que nos rodean y forman parte del núcleo en que nos desplazamos.
Nuestra cultura nos impone un modo de ver las cosas según el cual algunos nos dignos de ser amados y otros son patéticos. El ejemplo de Cristo nos insta a amar al prójimo cualquiera sea su condición, así como Dios nos amó a nosotros.
Pablo nos recuerda el hecho de que Cristo murió por nosotros cuando aún eramos débiles, siendo aún pecadores. El amor de Dios no se basó en algún atributos favorable que pudiéramos ostentar.
Esto nos enseña por lo menos dos cosas. Una, que Dios simplemente nos ama. El puede agradarse en nosotros cuando hacemos lo bueno, por supuesto, igual que a nosotros nos gusta la compañía de aquellos con quienes tenemos afinidad, pero más allá de eso nos ama a pesar de lo imperfectos que podamos ser. Cristo murió por el hombre cuando este estaba todo lo alejados de Dios que pudiera estar. Eso demuestra lo incondicional de su amor.
En segundo lugar es un llamado de atención a la forma en que nosotros estamos dispuesto a conceder nuestro amor. Debemos amar a las personas en cuanto personas, y no en base a los atributos que para la sociedad son valiosos. Amar no solo a los que nos gustan o nos caen bien sino a todos los que nos rodean y forman parte del núcleo en que nos desplazamos.
Nuestra cultura nos impone un modo de ver las cosas según el cual algunos nos dignos de ser amados y otros son patéticos. El ejemplo de Cristo nos insta a amar al prójimo cualquiera sea su condición, así como Dios nos amó a nosotros.
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Publicado por
Guille
en
14:44
3 comentarios:
Etiquetas:
carácter,
relaciones interpersonales
viernes, 23 de abril de 2010
Deje su mensaje después de pestañear
"... no hay nada que sea lo contrario de conducta. En otras palabras, no hay no-conducta, o, para expresarlo de modo aún más simple, es imposible no comportarse. Ahora bien, si se acepta que toda conducta en una situación de interacción tiene un valor de mensaje, es decir, es comunicación, se deduce que por mucho que uno lo intente, no puede dejar de comunicar. Actividad o inactividad, palabras o silencio, tienen siempre valor de mensaje: influyen sobre los demás..."
P. Watzlawick, J. Beavin Bavelas y D.D. Jacks, TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN HUMANA. Biblioteca de Psicología. Textos Universitarios
P. Watzlawick, J. Beavin Bavelas y D.D. Jacks, TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN HUMANA. Biblioteca de Psicología. Textos Universitarios
jueves, 15 de abril de 2010
Un yanqui en la corte del Rey Arturo y un cristiano en el mundo de hoy (IV)
"Había sido un planteamiento demoledor.
Pero, caray, no demolió nada."
Mark Twain, Un yanqui en la corte del Rey Arturo.
Que alguien sea convencido de que una afirmación o concepto dado es correcto no suele depender, o al menos no de manera exclusiva, de lo racional o valido que el concepto sea, o de la claridad con que la idea sustentada por este sea explicada.
En el proceso de aceptación o rechazo de una premisa dada entran en juego toda una serie de representaciones, creencias y opiniones propias del interior del sujeto, de las cuales una gran proporción no responde a preceptos lógicos o racionales.
Pero, caray, no demolió nada."
Mark Twain, Un yanqui en la corte del Rey Arturo.
Que alguien sea convencido de que una afirmación o concepto dado es correcto no suele depender, o al menos no de manera exclusiva, de lo racional o valido que el concepto sea, o de la claridad con que la idea sustentada por este sea explicada.
En el proceso de aceptación o rechazo de una premisa dada entran en juego toda una serie de representaciones, creencias y opiniones propias del interior del sujeto, de las cuales una gran proporción no responde a preceptos lógicos o racionales.
viernes, 19 de marzo de 2010
Crítica a la razón cruda
El conocimiento envanece, pero el amor edifica.
1Co 8:1
Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.
1Co 10:24
Tocando en una de sus cartas a los Corintios, una cuestión sobre la que aparentemente estos le habían consultado, Pablo vierte algunos conceptos que resultan interesantes para complementar algunas de las ideas tratadas en los últimos post.
El asunto era si consumir o no las viandas que se vendían en el mercado luego de haber sido utilizada en los cultos celebrados a los ídolos.
El apóstol hace referencia a dos grupos de creyentes, en relación con este tema, dentro de la congregación a que va dirigida la carta. El grupo formado por aquellos que tenían conocimiento, sabía que no iban a ser ni más ni menos por lo que comieran, pero había otros hermanos, “débiles” dice Pablo, que no terminaban de asimilar esta idea.
Es de destacar que las palabras del apóstol no parecen ir orientadas tanto a vindicar la opinión de los hermanos con conocimiento, sino que contienen más bien una advertencia dirigida a estos, en cuanto al cuidado que debían tener de no envanecerse a causa de su conocimiento, y de evitar causar daño con su proceder a los hermanos débiles, aun cuando estos últimos estuvieran equivocados.
Es como si les dijera: "No importa que ustedes tengan razón, si lo que hacen es de tropiezo al hermano, aun a causa del error suyo, deberían cambiar de actitud".
Resulta una declaración bastante impactante, porque comúnmente estamos acostumbrados a pensar de forma muy distinta. Si estamos en lo cierto acerca de algún tema en torno al cual discurren más de una opinión, consideramos imperioso que se modifique el actual estado de cosas, si no coincide con nuestra postura, y se reconozca lo antes posible que nosotros tenemos razón.
Nos encontramos en esta escritura frente a un llamado de atención importante respecto a la citada actitud, el cual, desde una perspectiva más amplia, permite advertir la presencia de otros factores interviniendo en este tipo de situaciones, entre los cuales debiéramos prestar especial cuidado a la forma en que nuestras actitudes, aun cuando se apoyen en opiniones correctas, influyen en los demás.
1Co 8:1
Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.
1Co 10:24
Tocando en una de sus cartas a los Corintios, una cuestión sobre la que aparentemente estos le habían consultado, Pablo vierte algunos conceptos que resultan interesantes para complementar algunas de las ideas tratadas en los últimos post.
El asunto era si consumir o no las viandas que se vendían en el mercado luego de haber sido utilizada en los cultos celebrados a los ídolos.
El apóstol hace referencia a dos grupos de creyentes, en relación con este tema, dentro de la congregación a que va dirigida la carta. El grupo formado por aquellos que tenían conocimiento, sabía que no iban a ser ni más ni menos por lo que comieran, pero había otros hermanos, “débiles” dice Pablo, que no terminaban de asimilar esta idea.
Es de destacar que las palabras del apóstol no parecen ir orientadas tanto a vindicar la opinión de los hermanos con conocimiento, sino que contienen más bien una advertencia dirigida a estos, en cuanto al cuidado que debían tener de no envanecerse a causa de su conocimiento, y de evitar causar daño con su proceder a los hermanos débiles, aun cuando estos últimos estuvieran equivocados.
Es como si les dijera: "No importa que ustedes tengan razón, si lo que hacen es de tropiezo al hermano, aun a causa del error suyo, deberían cambiar de actitud".
Resulta una declaración bastante impactante, porque comúnmente estamos acostumbrados a pensar de forma muy distinta. Si estamos en lo cierto acerca de algún tema en torno al cual discurren más de una opinión, consideramos imperioso que se modifique el actual estado de cosas, si no coincide con nuestra postura, y se reconozca lo antes posible que nosotros tenemos razón.
Nos encontramos en esta escritura frente a un llamado de atención importante respecto a la citada actitud, el cual, desde una perspectiva más amplia, permite advertir la presencia de otros factores interviniendo en este tipo de situaciones, entre los cuales debiéramos prestar especial cuidado a la forma en que nuestras actitudes, aun cuando se apoyen en opiniones correctas, influyen en los demás.
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Publicado por
Guille
en
9:42
1 comentario:
Etiquetas:
carácter,
espiritualidad,
relaciones interpersonales
jueves, 4 de marzo de 2010
Un yanqui en la corte del Rey Arturo y un cristiano en el mundo de hoy (III)
Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?
Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
Mateo 18:21-22
Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?
1 Cor 6:7
Una primer cuestión importante, entonces, consistiría en el cambio respecto a la persona en que se pone el foco en una situación conflictiva o de desacuerdo. Un segundo aspecto, derivado del anterior, atañe al elemento sobre el que se proyecta la atención en este nuevo enfoque. Este elemento básicamente consiste en la actitud con que se afronta el problema, y la actitud apropiada es presentada por Pablo como aquella caracterizada por la paciencia.
Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
Mateo 18:21-22
Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?
1 Cor 6:7
Una primer cuestión importante, entonces, consistiría en el cambio respecto a la persona en que se pone el foco en una situación conflictiva o de desacuerdo. Un segundo aspecto, derivado del anterior, atañe al elemento sobre el que se proyecta la atención en este nuevo enfoque. Este elemento básicamente consiste en la actitud con que se afronta el problema, y la actitud apropiada es presentada por Pablo como aquella caracterizada por la paciencia.
domingo, 21 de febrero de 2010
Un yanqui en la corte del Rey Arturo y un cristiano en el mundo de hoy (II)
¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano...
Lucas 6:41
En el post anterior me refería a cierta concepción bíblica, referente a la forma de encarar determinadas situaciones de interacción con los demás, contenida por ejemplo en las palabras finales que destina Pablo a Timoteo en su segunda epístola a este (2 Ti 2:24 y 25).
Uno de los elementos destacables dentro de esta concepción, nombrado en la primer entrada y que intento profundizar en esta, es un cambio respecto a la persona sobre la que se pone el foco, en una situación conflictiva del tipo yo - otro.
Lucas 6:41
En el post anterior me refería a cierta concepción bíblica, referente a la forma de encarar determinadas situaciones de interacción con los demás, contenida por ejemplo en las palabras finales que destina Pablo a Timoteo en su segunda epístola a este (2 Ti 2:24 y 25).
Uno de los elementos destacables dentro de esta concepción, nombrado en la primer entrada y que intento profundizar en esta, es un cambio respecto a la persona sobre la que se pone el foco, en una situación conflictiva del tipo yo - otro.
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Publicado por
Guille
en
14:24
2 comentarios:
Etiquetas:
carácter,
juzgar,
paciencia,
relaciones interpersonales
domingo, 7 de febrero de 2010
Un yanqui en la corte del Rey Arturo y un cristiano en el mundo de hoy (I)
En Un yanqui en la corte del Rey Arturo Mark Twain invierte varias carillas en relatar la discusión habida entre el protagonista, proveniente de la Connecticut del siglo XIX, y una serie de trabajadores medievales. El primero intenta desesperada e infructuosamente hacer entender a sus interlocutores que el salario por ellos recibidos no es en realidad superior al pagado por el mismo trabajo en la otra parte del país, como aparenta, ya que por efecto de la inflación, ellos pueden adquirir menos productos con lo que ganan.
El escritor describe con la precisión de quien ha estado en similar posición, la forma en que el Yanqui se exaspera progresivamente a medida que sus cada vez más esforzadamente simplificadas explicaciones son rechazadas una a una por sus tozudos oponentes, quienes encima parecen asumir una postura de superioridad o condescendencia hacia aquel extranjero tan confundido, según el parecer de ellos, sobre cuestiones tan claras.
Debo decir, antes de continuar, que varias veces me he sentido identificado con este relato, por lo que al escribir lo que sigue, me sitúo yo mismo como particular destinatario de la crítica que contiene.
Creo que existe una notoria tendencia en nosotros (incluyendo en este nosotros a los seres humanos en general), a veces en forma más pronunciada, a veces menos (admiro esto último), de sentirnos ofendidos cuando otros ponen en duda nuestras afirmaciones o expresan opiniones o posturas que entran en contradicción con las propias. Sentimos la necesidad de que el otro nos de la razón y se reconozca equivocado, y nos enojamos si no ocurre así.
Pablo, en una de sus cartas, dando a Timoteo algunas instrucciones y consejos finales, vierte algunas palabras respecto a la forma en que debe afrontar el siervo del Señor este tipo de situaciones, y en la descripción que hace de la actitud apropiada, destaca la paciencia que debe manifestar quien intenta corregir a otro.
Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad...(2 Ti 2:24 y 25)
Es de destacar que contrariamente a lo que habitualmente ocurre, el apóstol parece otorgar mayor importancia a la necesidad de que el siervo del Señor se mantenga calmo y amable, antes que al hecho de que convenza al otro. Esto último se presenta incluso como algo más vale contingente desde un punto de vista humano, ajeno en parte a nuestro control e independiente de nuestra capacidad.
Puede llegar a parecer una cuestión accesoria pero creo que encierra en realidad una profunda concepción referente al carácter que debiera manifestarse en quien pretende seguir a Cristo, desde el punto de vista de las relaciones interpersonales.
(Continúa...)
El escritor describe con la precisión de quien ha estado en similar posición, la forma en que el Yanqui se exaspera progresivamente a medida que sus cada vez más esforzadamente simplificadas explicaciones son rechazadas una a una por sus tozudos oponentes, quienes encima parecen asumir una postura de superioridad o condescendencia hacia aquel extranjero tan confundido, según el parecer de ellos, sobre cuestiones tan claras.
Debo decir, antes de continuar, que varias veces me he sentido identificado con este relato, por lo que al escribir lo que sigue, me sitúo yo mismo como particular destinatario de la crítica que contiene.
Creo que existe una notoria tendencia en nosotros (incluyendo en este nosotros a los seres humanos en general), a veces en forma más pronunciada, a veces menos (admiro esto último), de sentirnos ofendidos cuando otros ponen en duda nuestras afirmaciones o expresan opiniones o posturas que entran en contradicción con las propias. Sentimos la necesidad de que el otro nos de la razón y se reconozca equivocado, y nos enojamos si no ocurre así.
Pablo, en una de sus cartas, dando a Timoteo algunas instrucciones y consejos finales, vierte algunas palabras respecto a la forma en que debe afrontar el siervo del Señor este tipo de situaciones, y en la descripción que hace de la actitud apropiada, destaca la paciencia que debe manifestar quien intenta corregir a otro.
Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad...(2 Ti 2:24 y 25)
Es de destacar que contrariamente a lo que habitualmente ocurre, el apóstol parece otorgar mayor importancia a la necesidad de que el siervo del Señor se mantenga calmo y amable, antes que al hecho de que convenza al otro. Esto último se presenta incluso como algo más vale contingente desde un punto de vista humano, ajeno en parte a nuestro control e independiente de nuestra capacidad.
Puede llegar a parecer una cuestión accesoria pero creo que encierra en realidad una profunda concepción referente al carácter que debiera manifestarse en quien pretende seguir a Cristo, desde el punto de vista de las relaciones interpersonales.
(Continúa...)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)