domingo, 21 de febrero de 2010
Un yanqui en la corte del Rey Arturo y un cristiano en el mundo de hoy (II)
Lucas 6:41
En el post anterior me refería a cierta concepción bíblica, referente a la forma de encarar determinadas situaciones de interacción con los demás, contenida por ejemplo en las palabras finales que destina Pablo a Timoteo en su segunda epístola a este (2 Ti 2:24 y 25).
Uno de los elementos destacables dentro de esta concepción, nombrado en la primer entrada y que intento profundizar en esta, es un cambio respecto a la persona sobre la que se pone el foco, en una situación conflictiva del tipo yo - otro.
martes, 9 de septiembre de 2008
Religión de amor
"... aquellos que no forman parte de la comunidad de los creyentes, no aman a Cristo ni son amados por él. Por este motivo, toda religión, aunque se denomine religión de amor, ha de ser dura y sin amor para con todos aquellos que no pertenezcan a ella. En el fondo, toda religión es una tal religión de amor para sus fieles y en cambio, cruel e intolerante para aquellos que no la reconocen."
En principio no queda claro de donde extrae que Cristo no ama a aquellos que no pertenecen a la comunidad de creyentes. No puede decirse del Jesús de carne y hueso descrito en los evangelios, que intercedía ante el Padre por aquellos que lo crucificaban, tampoco del Cristo doctrinal, por decirlo así, desarrollado en las epístolas a partir del primero, de quien se nos dice que al morir en la cruz, ocupó voluntariamente el lugar del pecador.
Las restantes afirmaciones son mas entendibles. No creo que la lectura hecha por el pensador austriaco, del fenómeno religioso, represente un punto de vista particular y exclusivo. Con demasiada frecuencia hacemos de la religión un sistema social como cualquier otro, que se muestra benévolo con los que adhieren a sus normas, pero receloso y hostil con los que no las aceptan o se desvían de ellas.
En el imaginario social de nuestra época se asocia al cristianismo mas con un agente acusador e intransigente que con uno amoroso y compasivo. Desplazamos tristemente la posición del Hijo de Dios, del lugar del "ni yo te condeno" al del fariseo con piedras en la mano. Entiendo que a este Cristo se refiere el fundador del psicoanálisis, al Cristo que refleja la iglesia. Después de todo somos el cuerpo visible de él en la tierra.
Es un llamado de atención importante. Si podemos tergiversar la imagen de aquel que sufrió la cruz por nuestras transgresiones, en la de alguién cruel e intolerante, estamos errando por mucho. Antes de poder predicar una religión de amor creible, necesitamos convertir nuestras vidas en pruebas empíricas de su existencia.
viernes, 15 de agosto de 2008
Repréndelos delante de todos
La semana pasada, preparando un mensaje hice algo así con un texto. Me llamo la atención 1 Timoteo 5:20, relacionado con el tema que debía tratar, así que en un mezquino intento de acumular puntos de vista con un mínimo esfuerzo, copie el texto en el buscador: "A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman” e hice click sobre el consabido botoncillo que nos lleva a los resultados.
En vez de hallar diversidad de enfoques como esperaba, me econtre con cientos de estudios, artículos y comentarios, de gente que toma este texto y lo blande con regocijo, haciéndose un festín con la idea de reprender a los pecadores reincidentes para que todos teman.
Bueno, en realidad no me leí los cientos de resultados, a la tercer hoja como que me cansé.
Puede ser que tanta gente tenga la soberbia idea de creerse en condiciones de amonestar a otros y regodearse en ello? Realmente creen estas personas que son mejores y que no merecen más bien estar del lado de los reprendidos que de los reprendedores?
Disto mucho de ser un experto en hermenéutica, pero hay unos cuantos principios bastante básicos que estas gentes están ignorando olímpicamente en su afán por agregar 1 Timoteo 5:20 a las listitas de textos citados a la ligera, que supuestamente le permiten a uno juzgar a otras pobres animas menos santas.
En primer lugar se debe tener en cuenta que las cartas a Timoteo junto con la de Tito forman el grupo de las llamadas por algunos “epístolas pastorales”, que fueron escritas no a un grupo de cristianos en general o iglesia local, sino a personas especificas e individuales, en este caso, Timoteo.
En segundo lugar es importante tener en cuenta las circunstancias en que fue escrita la epístola. Timoteo había sido dejado por Pablo en Efeso con el fin de corregir ciertos desordenes, pareciera que principalmente de índole doctrinal. No solo entonces se debe tener en que este mandato es dirigido primeramente a Timoteo, sino también que le es dirigido en ocasión de una misión específica que estaba cumpliendo.
Como un tercer punto es importante destacar que al citar precipitadamente este sexto se esta pasando por alto, no solo la cuestión de a quien va dirigido y en que circunstancias sino también el contexto inmediato en que está inserto dentro de la epístola. Del versículo precedente se desprende que Pablo esta dando instrucciones en este momento a su discípulo, concerniente a los ancianos (presbíteros) de la iglesia local. De aquí se aclara el sentido de la frase “para que los demás teman” que a varios de los internautas citados anteriormente pareciera atraerles notablemente. Se trata simplemente de mostrar al resto de la congregación (aunque algunos comentaristas entienden incluso por “los demás” a los demás ancianos) que ni aún la autoridad eclesiástica es pretexto para evadir la corrección y tengan entonces mayor cuidado en su conducta. No se trata simplemente de escrachar a un hermano frente a la congregación.
Entiendo, admito correcciones, que incluso este accionar tocante a los ancianos es encomendado particularmente a Timoteo en su carácter de “interventor” por llamarlo de algún modo, de la iglesia que se reunía en Efeso, y no a cualquiera que quiera adjudicarse el derecho. Creo no estar divagando al decir que del “contra un anciano no admitas acusación sino…” del versículo 19 se desprende que Timoteo estaba en posición de que los creyentes del lugar apelaran a el con quejas dirigidas incluso hacia los ancianos.
Se sigue entonces de lo expuesto que este mandato de reprender públicamente responde a una situación más bien específica y dista mucho de ser legítima su aplicación por cualquiera que desee apropiárselo. Se podría argumentar, que sería lícito, en ciertas circunstancias que revistan características análogas a las vividas en Efeso por aquel tiempo, pero no podemos ignorar que Pablo eligió a Timoteo para cumplir este mandato, y no a cualquier otro. Deberíamos detenernos entonces en las características del joven creyente que lo hicieron apto para desempañar este papel. Lo dejamos para otro post, adelantando solo que obviamente no son características de la que muchos de nosotros nos podamos jactar.
jueves, 3 de julio de 2008
Mundanalidad religiosa
Sigo leyendo El sermóm del monte, de Stott, y estos días me tope con una frase que llamó particularmente mi atención. Dice el escritor hablando acerca de las aspiraciones o ambiciones que un cristiano debiera tener; "La mundanalidad que los cristianos deben evitar puede tomar tanto forma religiosa como secular."1Generalmente cuando se habla de "mundanos", en nuestras iglesias, se hace en referencia a personas que tienen una forma de vestir o arreglarse diferente a la tradicionalmente aceptada como "evangélica" o que gustan de frecuentar lugares o escuchar música usualmente catalogada como poco cristiana. Esto quizás podríamos llegar a relacionarlo según el criterio que hemos heredado, con lo que Stott llama "mundanalidad secular", pero, es correcto hablar, como lo hace el, de "mundanalidad religiosa"? No es una construcción contradictoria? Religioso por definición no implica no ser mundano?
Cuando la biblia habla del mundo en sentido negativo, se refiere a este como a una de las esferas de la creación, que, habiendo rechazado a Dios, suplanto los principios de este por los suyos propios (por ej. Juan 1:10, 3:19, Ef 2:2) . Cuando hablamos de creyentes mundanos nos referimos entonces a aquellos que viven mas de acuerdo a estos principios que de acuerdo a los de Dios.
Ahora bién, no debemos caer en el reduccionismo de pensar , como suele suceer, que vivir de acuerdo a los pirncipios de Dios significa simplemente evitar ciertos tipos de pecados que los hombres hemos catalogado como peores o mas graves que otros. Este tipo de pensamiento sería erróneo por lo menos por dos claros motivos. Porque:
a) Vivir de acuerdo a los principios de Dios también implica un carácter espiritual caracterizado por el amor a Dios y al prójimo (Mat 22:37-40, Ro 13:8).
b) El pecado no es simplemente un acto exterior sino un estado interior que puede exteriorizarse o no, por lo que el hecho de guardarme en la practica de ciertos pecados no implica que no sea culpable de ellos interiormente. (Mat 5:28, 1 Juan 3:15, Mat 15:19)
De acuerdo a esto no tengo ninguna dificultad para concebir una mundanalidad que como dice Stott "tome forma religiosa". Después de todo la "religión pura y sin macula delante de Dios" suele diferir mucho de lo que el común de la gente entiende por religión.
Se suele llamar religiosa a aquella persona que asiste regularmente a una iglesia, tiene una conducta que coincide con una serie de normas que los hombres hemos prefijado son las que debe cumplir uno para ser tildado de "espiritual", y no cae en pecados facilmente detectables.
La cuestión reside en que ninguna de las características enunciadas en el párrafo precedente excluye la posibilidad de que una persona viva de acuerdo a los principios del mundo mas que de acuerdo a los de Dios, definición de mundano a la que arribamos, de acuerdo a todo lo que esto significa.
Al contrario, puedo concurrir a la iglesia y guardar una serie de normas externas que hagan nacer en mi ciertos sentimiento de superioridad con respecto a quienes no cumplen con estos requisitos. Puedo buscar la aprobación y el aplauso de los hombres a través el trabajo en diversos ministerios y por supuesto puedo hacer todo esto sin el menor asomo de amor hacia Dios y el prójimo.
Hace ya tiempo resuena por los pasillos de nuestras congregaciones, el eco de una terrible alarma: El mundo se esta metiendo en la iglesia! Particularmente pienso que esto cierto, pero se me ocurre sugerir que a lo mejor esto no lo hace en su llamativa versión secular, sino que adopta una forma mas sutil y peligrosa, que bien podríamos denominar, siguiendo a Stott, mundanalidad religiosa.
1 STOTT, JOHN; El SERMON DEL MONTE, Contracultura cristiana, CERTEZA UNIDA, Barcelona, Buenos Aires, La Paz (1998).
lunes, 17 de marzo de 2008
Un peso para el bondi*
como superiores a él mismo..."
Filipenses 2:3
Los hechos relatados a continuación así como los nombres de los protagonistas son ficticios elaborados a mero título ilustrativo. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia ;-)
Situación hipotética. Jonatan baja del 96 apenas este abandona Av. De Mayo. Cruza la calle apurado, camina una cuadra, dobla a su derecha y unos metros mas adelante se mete por el túnel que pasa por debajo de la estación de Ramos. Alcanza a paso rápido la salida del extremo opuesto y ni bien emerge a la vereda comprueba que el 326 que lo lleva a su casa ya se encuentra en la parada y esta cargando a los pasajeros que deberá transportar. Mete la mano en el bolsillo rogando tener cambio suficiente para la expendedora de boletos y saca tres monedas, una de cincuenta centavos, una de veinticinco y una de diez. El pasaje sale un peso. Gira la cabeza y mira esperanzado al quiosco que se ubica a pocos metros, último recurso del viajero nocturno para conseguir cambio a esas horas, pero el último pasajero de la fila está por subir al colectivo y Jonatan comprende que no va a tener tiempo de alcanzarlo si se detiene a comprar algo. Son las once y media de la noche y luego de trabajar todo el día Jonatan sobrellevo con hidalguía una agotadora clase de álgebra, viene cansado de la semana y mañana tiene que comenzar nuevamente. Siempre el mismo trajín, corriendo a uno y otro colectivo, preocupándose por llegar a tiempo y por conseguir monedas. Preocupaciones en el trabajo, preocupaciones en la facu, preocupaciones en casa, preocupaciones hasta en el viaje. Pequeñas preocupaciones cotidianas que se suceden constante y acumulativamente como la tortura de la gota en la frente. Entre tal cúmulo de preocupaciones veinte centavos menos parecen algo insignificante así que luego de un breve titubeo Jonatan se decide y sube al colectivo justo antes de que este se aleje de la acera. Cuando llega su turno de sacar boleto se para frente a la maquina, pone su mas circunspecta cara de poker y con voz neutra dice al chofer sin mirarlo: - Ochenta...El colectivero, experimentado participe de este tipo de situaciones, reclinado sobre el volante eleva un poco la cabeza y mirando a Jonatan por el espejo retrovisor le pregunta con cierto tono de instintiva sospecha: -flaco, hasta donde vas?
- eh… Marconi y Año - contesta en forma dubitativa el aludido, como si no estuviera seguro del recorrido que de hecho realiza todos los días.
- Es un peso – sentencia inflexible el conductor al tiempo que digita dicho importe en su teclado, y luego agrega dándole un claro matiz de reprimenda a sus palabras - que barato viajas vos, he…
Independiente de como se resuelva el episodio, quiero llamar la atención brevemente sobre la actitud del colectivero, que encierra, creo yo, todo un patrón de conducta bastante común al genero humano analizado seguidamente en lo que he dado a llamar "
La hipótesis planteada por
Se puede - me dirán - hacer algo bueno, y estar procediendo mal al hacerlo?
Pensemos un momento.
Debemos preguntarnos entonces: - Qué es lo que motiva al colectivero? Es acaso una moral impecable, que le impide soportar la mentira? O un ardiente celo por las ganancias de su empleador, a cuyas arcas irán a parar veinte centavos menos?
Son opciones posibles pero poco probables, máxime cuando tal vez en otra ocasión el mismo colectivero no duda en ignorar la señal de alto que le hacen desde una parada, incluso a veces aunque deba pasar un semáforo en rojo, si así puede completar más deprisa su recorrido o hacerlo con menos gente arriba. Esto hecha por tierra la teoría tanto de la moral impecable como la del celo por la ganancia empresaria.
Se podrán citar más casos en lo que generalmente se diría que una persona está haciendo bien o cumpliendo con su deber pero cuyas motivaciones podrían ser puestas en tela de juicio. Por ejemplo la maestra que al descubrir a un alumno copiando durante un examen le quita la hoja enfadada, le pone un uno y lo reprende delante de todos sus compañeros. Quizás la misma maestra, adhiere en otra ocasión a un paro dejando sin clases a sus alumnos. Todo trabajador tiene derecho a defender sus intereses se podría objetar. Perfecto, pero si dicha docente siente tanto celo por la educación de sus alumnos, que le indigna sobremanera el hecho de que uno de ellos la descuide, se esperaría que la tal sea una docente abnegada que anteponga dicha educación a todo, incluso a su propio bienestar.
Así hallaríamos muchos ejemplos de la vida cotidiana pero detengámonos solamente en un caso más, que me parece particularmente serio. Me refiero a cuando este tipo de actitudes se dan en el seno de la iglesia. Tenemos la tendencia demasiado frecuente los cristianos de andar condenando las acciones ajenas desde un plano de superioridad. Antes de hacerlo deberíamos detenernos a examinarnos a nosotros mismos. A buscar cuales son nuestras motivaciones. Es realmente un amor santo y puro hacia Dios y hacia los hombres, que nos hace estremecer de dolor al ver que este es desobedecido y que estos se apartan en su propio perjuicio? Tiene tal virtuoso celo evidencia en nuestra vida de forma que manifestamos un carácter espiritual santo y pleno, rebosante de gozo y paz, que no puede pasar desapercibido a aquellos que nos rodean?
Si la respuesta no es categóricamente positiva, esto hermanos no procede de Dios. La próxima vez entonces que nos sintamos tentados a evaluar las actitudes ajenas, sentémonos a evaluar primero las propias nuestras. Si la motivación no es verdaderamente el amor no nos queda otra opción que el orgullo hipócrita que Jesús tanto crítico a los líderes religiosos de su época. Es malo en el colectivero, es malo en la maestra, pero es inadmisible (aunque frecuente) en los hijos de Dios.
Preocupémonos antes que nada por examinar nuestra propia vida y cultivar el amor. Si de verás tenemos tanto celo por que la voluntad de Dios sea cumplida, no hay mejor espacio geográfico para comenzar que la baldosa sobre la que uno mismo está parado.
1 1 Corintios 13:3