Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas. Isaías 42:8
Hace algunos años, en el programa televisivo Puntodoc, el periodista Daniel Tognetti le hacía una pregunta al ex tenista Guillermo Vilas, acerca de la imagen que mucha gente tenía de el, como de una persona soberbia.
“¿Qué es ser soberbio? - respondió el entrevistado - ¿Decir que fuiste campeón del mundo?... si viene Dios y te dice: Hola, soy Dios, ¿es soberbio? No, es solamente Dios.”
Disquisiciones referentes a la humildad o no del deportista aparte, hoy día pareciera que su argumento ha perdido efectividad. De hecho uno llegaría a pensar que si en la actualidad Dios se le presentara a un hombre y le dijera "Soy Dios" probablemente este le respondería "Ay, 'soy Dios', que arrogante..."
Se ha extendido a través de la mentalidad contemporánea cierto espíritu de pretenciosa susceptibilidad en línea con la cual el individuo se siente con frecuencia ofendido ante expresiones bíblicas en las que Dios anuncia sus virtudes o declara su potestad sobre la creación.
No encuentro justificada esta reacción. No hay ninguna relación lógica entre las proposiciones: "Dios afirma su supremacía", "Dios es altanero o soberbio". Este tipo de pensamiento puede estar muy arraigado en ciertos sectores sociales, pero la validez de un razonamiento no depende de su arraigo en el imaginario colectivo, que puede ser y es constantemente irracional, fluctuante y contradictorio.
Particularmente no tengo problema con los pasajes de la escritura en que Dios afirma su grandeza. No creo que esto tenga que ser motivo de escándalo, por el contrario, pienso que debería estimular la reflexión en torno a la grandeza del Dios con quien tiene la facultad de tratar el hombre.
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martes, 20 de octubre de 2009
lunes, 14 de septiembre de 2009
Sentir a Dios (II) - El tabú
Hace varios años estuve trabajando un verano en un hotel ubicado en medio de las sierras de cordoba. Cómo terminadas las tareas habituales, nos quedaba bastante
tiempo libre, los chicos del plantel aprovechabamos para distraernos un poco, disfrutando del agreste paisaje, jugando a algo, o viendo una que otra pelicula.
Allí aprendí a jugar al tabú. Este se juega con un mazo de cartas o tarjetas especiales, que tienen una palabra escrita en la parte superor de una de sus caras. El objetivo es adivinar esa palabra. Se juega por equipos, y una persona de cada uno, alternadamente en cierta cantidad de tiempo, trata de definir el término a sus compañeros. La dificultas reside en que, debajo de la principal, hay otra serie de palabras, las palabras tabú, que no se pueden usar, y que son, allí está la gracia, indispensables para trazar dicha definición. Si la palabra en cuestión es "escalera", por ejemplo, apareceran abajo vocablos como "escalón", subir", bajar", y otros relacionados.
Desde hace algún tiempo he notado que cuando alguien pretende probar la supuesta irracionalidad de creer en Dios, frecuentemente adopta la estrategia de añadir una cláusula adicional a la pregunta citada en un post anterior, respecto a las bases de dicha creencia, y dice algo como: "- pero no me contestes que lo sabés por tu experiencia o por fe." No puedo evitar que me parezca un poco gracioso. Es como jugar al tabú, se hace una pregunta, pero aclarando de antemano que no se quiere por respuesta lo que de hecho es una posible respuesta.
Uno puede imaginarse una situación de examen en la universidad:
- alumno, hábleme por favor de la visión marxista del capitalismo, pero no me venga con eso de la explotación y la propiedad de los medios de producción...
Puede ser entretenido para pasar el rato, pero no es la metodología que uno elegiría para explicar un concepto. El intento de querer restringir una discusión únicamente al campo de lo que uno está dispuesto a aceptar, invalida desde un comienzo toda discusión.
Bajo tales términos, cualquier posibilidad de llegar a una conclusión sensata es prácticamente imposible, y se diría incluso, que indeseada.
(Tal vez continúe).
tiempo libre, los chicos del plantel aprovechabamos para distraernos un poco, disfrutando del agreste paisaje, jugando a algo, o viendo una que otra pelicula.
Allí aprendí a jugar al tabú. Este se juega con un mazo de cartas o tarjetas especiales, que tienen una palabra escrita en la parte superor de una de sus caras. El objetivo es adivinar esa palabra. Se juega por equipos, y una persona de cada uno, alternadamente en cierta cantidad de tiempo, trata de definir el término a sus compañeros. La dificultas reside en que, debajo de la principal, hay otra serie de palabras, las palabras tabú, que no se pueden usar, y que son, allí está la gracia, indispensables para trazar dicha definición. Si la palabra en cuestión es "escalera", por ejemplo, apareceran abajo vocablos como "escalón", subir", bajar", y otros relacionados.
Desde hace algún tiempo he notado que cuando alguien pretende probar la supuesta irracionalidad de creer en Dios, frecuentemente adopta la estrategia de añadir una cláusula adicional a la pregunta citada en un post anterior, respecto a las bases de dicha creencia, y dice algo como: "- pero no me contestes que lo sabés por tu experiencia o por fe." No puedo evitar que me parezca un poco gracioso. Es como jugar al tabú, se hace una pregunta, pero aclarando de antemano que no se quiere por respuesta lo que de hecho es una posible respuesta.
Uno puede imaginarse una situación de examen en la universidad:
- alumno, hábleme por favor de la visión marxista del capitalismo, pero no me venga con eso de la explotación y la propiedad de los medios de producción...
Puede ser entretenido para pasar el rato, pero no es la metodología que uno elegiría para explicar un concepto. El intento de querer restringir una discusión únicamente al campo de lo que uno está dispuesto a aceptar, invalida desde un comienzo toda discusión.
Bajo tales términos, cualquier posibilidad de llegar a una conclusión sensata es prácticamente imposible, y se diría incluso, que indeseada.
(Tal vez continúe).
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Publicado por
Guille
en
9:12
8 comentarios:
Etiquetas:
prejuicios,
sentir y percibir a Dios
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