lunes, 2 de febrero de 2009

Sobre el gran avance de la ciencia ( III )

Alguien podría objetar que hoy contamos con un nivel de desarrollo tecnológico mucho mayor que el existente, por ejemplo, un siglo atrás, y que por ende, sería legitimo afirmar, en este sentido, que la ciencia (la tecnología en realidad) esta avanzada.

Sin embargo, al realizarse esta comparación, no contra el cúmulo total de conocimiento alcanzable, dato del que, como ya dijimos, no disponemos, sino contra el cúmulo total de conocimiento alcanzado por el hombre en un momento anterior, el razonamiento sigue siendo ambivalente. Lo que demuestra, en todo caso, es la ignorancia del hombre, que en aquel momento anterior desconocía tantas cosas. En esa misma línea de pensamiento podemos preguntarnos cuantas cosas, factibles de ser conocidas, seguimos ignorando hoy en día.

No se trata de menoscabar el pensamiento científico, sino de encuadrar las cosas en su justa dimensión. De ninguna manera podemos utilizar las escrituras para respaldar la ignorancia. Al contrario. Pero el avance en la exploración del universo y la naturaleza, en todos sus aspectos, debiera llenarnos de humildad, frente a la grandeza de su creador, antes que de arrogante autoconfianza en una humanidad que, viéndolo en perspectiva, avanza como a tientas.

2 comentarios:

Monja dijo...

Abrió la pecera, bien!

Se entiende perfecto que no es "estar en oposición de", sino de observar ciertos reprochables excesos de autoconfianza que el empirismo (y todo el positivismo con todos sus métodos) tiene en sí mismo y para sí mismo.

Sin embargo -y además- toda la metodología científica y cientificista que heredamos del Círculo de Viena, no tiene más remedio que desconocer humildades para poder atreverse aunque más no sea al primer paso empírico (requerimiento esencial de todo método científico).

Las disciplinas que protegen un poco a la gente de los racionalismos, de las canalladas epistemológicas de tío Locke y de David Hume, son -peor es nada- las bioéticas, por poner un ejemplo solo.

Digamos que atreverse, osar, adelantarse, avanzar a tientas, en definitiva ser curioso (la observación del positivismo lógico) está siempre más cerca del desastre indeseado que del deseado objetivo propuesto como principio. Ese avanzar a tientas tiene riesgos tan grandes, que cuando consigue salvarse de una gran macana -pode decirlo así- recupera autoconfianza y más avanza. De lo que no estoy segura es de si avanzar a tientas sea justo la antítesis de la humildad. A veces, sentirse un punto invisible en el Universo da sed insaciable de conocer sus justas dimensiones. Y mal que mal, los cientificistas son también hijos del rigor, generalmente la humildad les llega cuando se dan de cara contra los límites propios, una humildad a posteriori que más biens e parece a una humillación.

Igualmente, incluso en atención a tu inquietud, agradezco la osadía empíritca de Luis Pasteur, de Fleming, de Leloir, de Hussay... el atrevimiento de los biólogos moleculares, aunque avancen a tientas y dejando un reguero de damnificados al paso, pero otra manera no hay. (Los ejemplos son a modo de emblema y nada más que eso.)

Un abrazo.

Guille dijo...

:)

Claro, no contrapongo ese andar a tientas de la investigación científicas con la humildad, me parece mas bien que las dos cosas son necesarias. Lo primero, viendo el panorama globalmente, creo que es una realidad, como lo desarrollaba en los post, y la humildad una necesidad que se deja mucho de lado.

Comparto que, como decís, el sentido de pequeñez nuestra ante la inmensidad del universo, debiera ser un incentivo para la exploración de sus dimensiones.

Gracias por el comentario, siempre tan ilustrativo, un abrazo!