martes 20 de octubre de 2009

Guillermo Vilas, Dios y la arrogancia

Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas. Isaías 42:8

Hace algunos años, en el programa televisivo Puntodoc, el periodista Daniel Tognetti le hacía una pregunta al ex tenista Guillermo Vilas, acerca de la imagen que mucha gente tenía de el, como de una persona soberbia.

“¿Qué es ser soberbio? - respondió el entrevistado - ¿Decir que fuiste campeón del mundo?... si viene Dios y te dice: Hola, soy Dios, ¿es soberbio? No, es solamente Dios.”

Disquisiciones referentes a la humildad o no del deportista aparte, hoy día pareciera que su argumento ha perdido efectividad. De hecho uno llegaría a pensar que si en la actualidad Dios se le presentara a un hombre y le dijera "Soy Dios" probablemente este le respondería "Ay, 'soy Dios', que arrogante..."

Se ha extendido a través de la mentalidad contemporánea cierto espíritu de pretenciosa susceptibilidad en línea con la cual el individuo se siente con frecuencia ofendido ante expresiones bíblicas en las que Dios anuncia sus virtudes o declara su potestad sobre la creación.

No encuentro justificada esta reacción. No hay ninguna relación lógica entre las proposiciones: "Dios afirma su supremacía", "Dios es altanero o soberbio". Este tipo de pensamiento puede estar muy arraigado en ciertos sectores sociales, pero la validez de un razonamiento no depende de su arraigo en el imaginario colectivo, que puede ser y es constantemente irracional, fluctuante y contradictorio.

Particularmente no tengo problema con los pasajes de la escritura en que Dios afirma su grandeza. No creo que esto tenga que ser motivo de escándalo, por el contrario, pienso que debería estimular la reflexión en torno a la grandeza del Dios con quien tiene la facultad de tratar el hombre.

sábado 17 de octubre de 2009

Inteligencias creativas - Cita

"Sospecho que es en este punto en el que las inteligencias difieren en mayor grado a efectos de la prodcción de ideas. Para algunas inteligencias cada hecho es un fragmento separado de conocimiento. Para otras es un eslabón en una cadena. Tiene relaciones y similitudes. No es tanto un hecho cuanto una ilustración de una ley general que se aplica a toda una serie de hechos."

James Webb Young, UNA TÉCNICA PARA PRODUCIR IDEAS.

jueves 17 de septiembre de 2009

Frases narnianas. El caballo y su niño.

Cuando leo algún libro descargado de Internet, tengo la costumbre de copiar y mandarme a mi mismo por mail las frases que por alguna razón me gustaron o llamaron la atención. No se bien porque, supongo que me da cierta sensación de apropiarme de alguna manera de esas porciones de genialidad. Como una especie de colección. Lo cierto es que la mayoría de las veces terminan arrumbadas, ocupando espacio en disco, cual cachivache virtual. Estos días buscando un e-mail viejo encontré algunas de estas frases, pertenecientes a El Caballo y su niño (Crónicas de Narnia 5, creo, siguiendo el orden de escritura). Las posteo a continuación. Si alguien quiere agregar alguna bienvenido sea :)


el problema de tratar de hacerte más estúpido de lo que en verdad eres es que, por lo general, lo logras.

Es lo que les sucede a los que cogen y comen frutas en el momento inoportuno y de la manera incorrecta. La fruta es buena, pero ellos la aborrecerán para siempre.

Uno de los peores resultados de ser esclavo y ser forzado a hacer las cosas es que, cuando no hay quien te fuerce, comprendes que casi has perdido el poder de forzarte a ti mismo

Aravis también tuvo muchas riñas (y, me temo, incluso muchas peleas) con Cor, pero siempre hacían las paces. De modo que años más tarde, cuando crecieron, estaban tan acostumbrados a reñir y a hacer las paces nuevamente, que se casaron para poder seguir haciéndolo en forma más cómoda.

—Y ahora, Bri —dijo—, tú, pobre, orgulloso, asustado caballo, acércate. Más cerca, hijo mío. No te atrevas a no atreverte.

Mi buen caballo, lo único que has perdido es tu vanidad. No, no, amigo. No eches para atrás tus orejas y no me sacudas tus crines. Si es cierto que estás tan humillado como parecías hace un minuto, debes aprender a escuchar a la sensatez. No eres ese gran caballo que habías llegado a pensar que eras de tanto vivir entre pobres caballos mudos. Por supuesto que eras más valiente y más inteligente que ellos. No podías evitar serlo. Pero de ahí no se deduce que seas alguien muy especial en Narnia. Mas mientras sepas que no eres nadie muy especial, serás una clase de caballo bastante decente, en suma, juntando una cosa con la otra.

Y ciertamente ambos caballos estaban haciendo, si no todo lo que podían, todo lo que creían que podían hacer; lo que no es lo mismo.

Y se han ido... se han ido... fuera de mi alcance! ¡Esa falsa mujerzuela, esa...! —y aquí agregó unas cuantas descripciones de la reina Susana que no se ven muy bonitas impresas.

lunes 14 de septiembre de 2009

Sentir a Dios (II) - El tabú

Hace varios años estuve trabajando un verano en un hotel ubicado en medio de las sierras de cordoba. Cómo terminadas las tareas habituales, nos quedaba bastante
tiempo libre, los chicos del plantel aprovechabamos para distraernos un poco, disfrutando del agreste paisaje, jugando a algo, o viendo una que otra pelicula.

Allí aprendí a jugar al tabú. Este se juega con un mazo de cartas o tarjetas especiales, que tienen una palabra escrita en la parte superor de una de sus caras. El objetivo es adivinar esa palabra. Se juega por equipos, y una persona de cada uno, alternadamente en cierta cantidad de tiempo, trata de definir el término a sus compañeros. La dificultas reside en que, debajo de la principal, hay otra serie de palabras, las palabras tabú, que no se pueden usar, y que son, allí está la gracia, indispensables para trazar dicha definición. Si la palabra en cuestión es "escalera", por ejemplo, apareceran abajo vocablos como "escalón", subir", bajar", y otros relacionados.

Desde hace algún tiempo he notado que cuando alguien pretende probar la supuesta irracionalidad de creer en Dios, frecuentemente adopta la estrategia de añadir una cláusula adicional a la pregunta citada en un post anterior, respecto a las bases de dicha creencia, y dice algo como: "- pero no me contestes que lo sabés por tu experiencia o por fe." No puedo evitar que me parezca un poco gracioso. Es como jugar al tabú, se hace una pregunta, pero aclarando de antemano que no se quiere por respuesta lo que de hecho es una posible respuesta.

Uno puede imaginarse una situación de examen en la universidad:

- alumno, hábleme por favor de la visión marxista del capitalismo, pero no me venga con eso de la explotación y la propiedad de los medios de producción...

Puede ser entretenido para pasar el rato, pero no es la metodología que uno elegiría para explicar un concepto. El intento de querer restringir una discusión únicamente al campo de lo que uno está dispuesto a aceptar, invalida desde un comienzo toda discusión.

Bajo tales términos, cualquier posibilidad de llegar a una conclusión sensata es prácticamente imposible, y se diría incluso, que indeseada.

(Tal vez continúe).

miércoles 9 de septiembre de 2009

Pedante

(Click en la imagen para agrandar)


miércoles 2 de septiembre de 2009

Trasfondos culturales

"La iglesia es la comunidad hermenéutica. Es allí donde Dios quiere que su Palabra sea interpretada. Podemos debemos ayudarnos unos a los otros a entenderla, especialmente cuando tenemos dificultades de fondos culturales. Todos somos, en alguna medida, prisioneros de nuestra propia cultura y eso nos hace invidentes para algunas cosas."

John Stott, Señales de una iglesia viva.

domingo 30 de agosto de 2009

Sentir a Dios (I)

Cuando una persona que afirma la existencia de Dios es interrogada respecto a las evidencias en que se apoya para hacerlo, es bastante común que aquella conteste, palabras más o menos, de la siguiente manera: "Creo que Dios existe porque lo experimento y lo siento así en mi vida". Técnicamente, por decirlo así, la respuesta no es mala. El cristianismo, al que me refiero aquí en forma específica, es una fe con un fuerte acento puesto sobre la posibilidad de relación entre el hombre y un Dios personal. No un Dios lejano que controla el mundo desde algún remoto rincón del universo, ni un Dios impersonal plausible de ser concebido como una simple forma de energía, sino un Dios con personalidad, raciocinio y voluntad, que está en constante interacción con sus creaturas. Si se cree en un ser que es todopoderoso y reúne estas características, sería lógico pensar que el mismo tiene la capacidad de darse a conocer en forma fehaciente. No obstante esto, la afirmación de que el hombre pueda en base a sus vivencias al respecto, atestiguar de manera irrebatible la existencia de Dios, es no sólo rechazada de plano por aquellos que son escépticos respecto a estas cuestiones, sino también, con frecuencia minimizada por los apologistas de la cristiandad.

Particularmente pienso que no se debe, ni abusar de esta declaración, ni desecharla con tanta rapidez. La utilización a la ligera de la expresión "creo en Dios porque lo siento en mi vida", o alguna otra equivalente, como una respuesta estándar, prefabricada para echar mano de ella en forma irreflexiva, con el único fin de tener que contestar y zanjar un disputa, genera un halo de cierta hipocresía en torno a nuestra religiosidad, cuando no se condice con la realidad.

Si yo afirmo tener tan estrecha relación con Dios, que mi fe respecto a él es inconmovible, pero mi personalidad y mi conducta no reflejan ninguna diferencia substancial al de cualquier otra persona, en términos de las motivaciones más profundas que guían mis acciones, la razonable conclusión de cualquier observador externo sería que eso que llamo "relación estrecha con Dios" y "fe inconmovible" son estados más vale bastante ordinarios y carentes de un valor verdaderamente relevante.

(Continúa.)