domingo, 29 de noviembre de 2009

Teología no espiritual

"...la teología puede experimentar que ese Espíritu se acerca a ella y viene sobre ella, y que la teología entonces, sin resistirse pero también sin adquirir poder sobre el Espíritu, simplemente se goza y obedece al poder del Espíritu. La teología no-espiritual, ya actúe en los púlpitos o en las cátedras o en las páginas impresas o en «diálogos» entre teólogos consagrados y noveles, sería uno de los más terribles sucesos entre todos los sucesos terribles que acontecen en esta tierra (...) La teología llega a ser no-espiritual cuando se cierra o se pone a cubierto del aire fresco que fluye del Espíritu del Señor, que es donde ella puede únicamente prosperar. El Espíritu desaparece cuando la teología se encierra en espacios cuyo aire viciado le impide ser y hacer lo que ella puede, debe y tiene que hacer."

Karl Barth, Introducción a la teología evangélica.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Natural Vs. Sobrenatural (I)

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
Génesis 1:1

Si se acepta que Dios creo al mundo e instauró en el las leyes naturales que lo gobiernan, es posible pensar entonces que pudo haberlo hecho de forma distinta a la que conocemos. Es decir, si Dios hizo el mundo como lo conocemos y lo hizo sin ninguna limitación fuera de su propia voluntad, podría haberlo hecho de otra forma en caso de haber querido.

Este concepto hecha luz sobre cierta idea que habitualmente se tiene sobre la forma en que Dios obra, que resulta un tanto confusa y constituye un obstáculo a la posibilidad de distinguir a Dios actuando en la creación. La tendencia al respecto es concebir la actuación divina como un fenómeno extraordinario, sobrenatural y excepcional. Es decir, se piensa que una manifestación directa de Dios, sería una irrupción de este en el orden natural, de modo que lo interrumpiera o alterara momentáneamente de forma repentina y extraordinaria y en contraposición a esto se ve a los eventos habituales, naturales y continuos del mundo, como manifestaciones indirecta del accionar de Dios. Como si para advertir la mano de Dios detrás del orden natural, el hombre debiera hacer un gran esfuerzo deductivo y esta no fuera en realidad una manifestación de su obrar tan clara como lo sería el que dicho orden se modificara.

Lo ambiguo respecto a esta concepción del actuar divino reside en que, si estamos de acuerdo con lo dicho en el primer párrafo, la calificación de “extraordinario” adquiere un cariz fuertemente relativo. Esto que llamamos extraordinario no sería en última instancia una característica intrínseca, natural o que yace en la esencia de acontecimiento alguno, sino que obedecería más que nada a una cuestión de aquello a lo que estamos acostumbrados. Es decir, Dios dispuso la creación de cierta manera, y estaríamos dispuestos a tildar de extraordinario aquello que no encaje en esa disposición, pero si la hubiera dispuesto de manera distinta, entonces las cosas para nosotros extraordinarias podrían haber sido otras.

(Continúa)

(Todo esto conduce a algún lado... creo...)