viernes, 24 de agosto de 2012

El canon del Antiguo Testamento, Gleason Archer- Reseña

Resumen de 'Reseña crítica de una introducción al Antiguo Testamento' por Gleason Archer, Capítulo 5. El canon del Antiguo Testamento.


La palabra canon derivada del término griego kanón, (vara recta, borde recto o regla) designa al conjunto de escritos que se ajustan a una regla o estándar de divina inspiración y autoridad.


La división del canon hebreo.


El antiguo testamento hebreo se divide en tres secciones, la ley o Tora, los profetas, y los otros escritos. Dentro de estas divisiones están contenidos 24 o 22 libros, según la disposición, que son los mismos que los 39 de las actuales versiones protestantes pero agrupados y ordenados de otra manera.
En cuanto a orden las versiones evangélicas siguen a la Vulgata (versión latina del siglo IV) pero no en cuanto a contenido, ya que esta incluye los apócrifos.

La Antilegomena


Hacia el segundo siglo de la era cristiana existió cierta controversia sobre la pertenencia al canon de los libros de Eclesiastés, Cantares, Proverbios, Ester y Ezequiel.  Esto es lo que se conoce como antilegomena (libros contra los cuales se habla). Las diversas objeciones fueron no obstante refutadas y el estatus canónico de estos libros no sufrió modificación.

Antiguos testimonios sobre el canon masorético


Del apócrifo Eclesiástico, se desprende que los libros del antiguo testamento hebreo observaban ya su mencionada división tripartita desde el siglo II a de J.C. Esta división es corroborada por Josefo en el primer siglo de nuestra era. El historiador judío parece señalar además el hecho de que dicho canon se encuentra cerrado desde los tiempo de Malaquías. Diversos testimonios pertenecientes también a los primeros siglos parecen apoyar mayormente el canon hebreo de 22 libros.

El Problema tocante a la canonicidad de los apócrifos


Los católicos romanos, los ortodoxos griegos y algunos eruditos protestantes de raigambre liberal reclaman igual validez para los 14 apócrifos que para el resto del canon hebreo. Uno de los argumentos esgrimidos es que las primeras versiones incluían estos libros, pero una investigación cuidadosa reduce la autoridad de los apócrifos solamente al caso de la Septuaginta, e incluso en esta los diferentes manuscritos muestran distintos criterios entre si. La existencia de versiones tempranas que no incluyen los apócrifos permite pensar que incluso aquellas que incluyen no les otorgaban el mismo estatus que al resto de los libros.

 Otro argumento es que en general las citas del antiguo testamento que se hacen en el nuevo proceden de la LXX (septuaginta), que contenía los apócrifos. Esto sin embargo no implica que se aceptara la canonicidad de estos libros, máxime cuando se encuentran citas de todos los libros del  A.T. en el nuevo salvo de los apócrifos.

Se dice que el NT cita libros que no son los del canon tradicional, pero estos no son tampoco en ningún caso de los 14 apoócrifos en disputa. Pertenecen incluso en ocasiones a documentos ya inexistentes, y pueden asimilarse a las citas de cualquier otro tipo de escrito que encontramos en el N.T. sin ninguna pretensión de canonicidad.

Otro argumento a favor de los apócrifos es la afirmación de que son citados por los padres de la iglesia, sin embargo, la verdad es que sólo algunos de ellos los citan mientras que otros muestran una firme posición contra su inclusión en el canon


Las pruebas de la canonicidad


Algunas pruebas inadecuadas que fueron propuestas:

La edad. Aquellas obras posteriores al tiempo de Malaquías no serían consideradas. No es exacto porque también hay libros compuestos con anterioridad a esa fecha que tampoco son considerados canónicos.

El idioma hebreo como norma para la canonicidad. Tampoco es excluyentes porque libros escritos en dicha lengua son rechazados y porciones escritas en arameo son incluidas dentro del canon.

La conformidad con la Torá como prueba de canonicidad. El problema es que puede haber muchos otros escritos que guarden conformidad con la Tora y sin embargo no entrar en la categoría de canónicos.

La conclusión es que no exista en estas cuestiones una regla fija que se pueda aplicar de forma automática. Los distintos autores escribieron inspirados por el Espíritu Santo y Dios guió a su pueblo a reconocer aquellos libros con esta característica. Los distintos concilios eclesiásticos no hicieron más que reconocer la inspiración y canonicidad inherente con que cada uno de estos documentos ya contaba desde el momento de su creación.


Teorías liberales sobre el origen del canon


Quienes se atienen a presupuestos anti sobrenaturales recurren a explicaciones que pretenden más naturales sobre la formación de la escritura y rechazan de antemano todo dato que indique una directa revelación divina.

La Tora sería producto, según esta perspectiva, de sucesivos agregados documentales que habrían tenido lugar entre el año 850 a. de J.C. y la época de Esdras. El otorgamiento de estatus canónico a esta sección se fija en el año 444 a de J.C.

La sección correspondiente a los profetas, sería el resultado de una reunión gradual de documentos autorizados llevada a cabo entre el 300 y 200 a de J.C, tiempo este último alrededor del cual se habría reconocida como canónica. Los otros escritos, compuestos posteriormente, habrían alcanzado el estatus canónico en forma tentativa entre el 150 - 100 a. de J.C. Este carácter les sería confirmado en forma definitiva en el hipotético concilio de Jamnia del año 90 d. de J.C.

Las pretensiones liberales pueden ser refutadas mediante la demostración de que las fechas posteriores al siglo V, que asignan a ciertas porciones del antiguo testamento, no tienen asidero. Los autores bíblicos, por otro lado, parecen indicar, respecto a la canonicidad, que esta fue un carácter de sus escritos desde el momento en que fueron compuesto, y así fueron recibidos por los fieles de su tiempo.